jueves, 1 de octubre de 2015

La leyenda del hombre lobo de Allariz



El municipio de Allariz es testigo de leyendas tan curiosas y sorprendentes que no dejarán a nadie indiferente, como La leyenda del Hombre lobo de Allariz, la leyenda de Santa Mariña de Augas Santas o la leyenda del Gigante de Magarelos.

La leyenda del hombre lobo de Allariz, comienza en el lugar de Regueiro, un pequeño pueblo del ayuntamiento de Allariz, con el nacimiento de Manuel Blanco Romasanta, el 18 de noviembre de 1809, que pronto será conocido como el Hombre Lobo de Allariz. Se casa con 21 años, pero enviuda al poco tiempo, y decide dedicarse a la venta ambulante. Su primera víctima desaparecía en 1843, un guardia civil de León que iba a embargar al gallego por una deuda de 600 reales. Fue condenado por este asesinato pero se escapa de la cárcel y vuelve a su tierra natal; deja la venta ambulante e intenta pasar desapercibido ganándose la confianza de sus paisanos.


Al pasar unos años vuelve al comercio ambulante y es aquí dónde empieza su larga lista de asesinatos. Las dos primeras, vecinas de un pueblo cercano, que confían en Romasanta para que las guíe a Santander en busca de mejor fortuna, ya que estaban pasando por un mal momento. Al volver del viaje, Romasanta cuenta que la mujeres habían encontrado un buen trabajo y se encontraban bien; además conocía un cura que necesitaba una criada y fue así como la hermana menor de una de las primeras víctimas siguió sus pasos. Esta fue la excusa perfecta para que la gente del pueblo lo siguiera en busca de trabajo y mejor posición.

Romasanta los asesinaba y vendía sus ropas y pertenencias. Con el paso del tiempo los familiares de las víctimas pedían explicaciones a Romasanta preocupados al no recibir noticias; él contestaba que estaban bien y agradecidas de que las hubiera ayudado y que pronto escribirían. Llegó incluso a falsificar cartas para mantener la calma entre las familias. Pero todo acabó cuando los hermanos de una víctima reconocieron las prendas de su hermana que vestía una mujer; ésta les contó que Romasanta se las había vendido. Con el tiempo vieron que había otra gente con objetos de su hermana, y denunciaron a Romasanta. Pero este al enterarse huyó a Toledo. Tiempo después, fue encontrado por casualidad por dos gallegos que avisaron al alcalde, de que era un fugitivo buscado por la guardia civil gallega. Fue detenido de inmediato y trasladado a la cárcel de Allariz. El juicio acaparó la atención de toda la prensa de la época y su sumario se conserva en el archivo del Reino de Galicia.


Romasanta confesó ser autor de los asesinatos que se le imputaban. Relató que conducía a sus víctimas a lugares discretos en los bosques gallegos y allí desgarraba y destrozaba los cuerpos que después devoraba. Su explicación fue que en su adolescencia había sido víctima de una maldición familiar que lo convertía en hombre lobo sin que pudiera evitarlo. Desde ese momento perdía la conciencia humana, y lo dominaba el instinto animal que lo hacía matar y devorar la carne de sus víctimas. Los intentos de su abogado de conseguir su absolución, por falta de pruebas y lo absurdo de su declaración, se desvanecieron cuando se hizo una reconstrucción de los hechos a través de la que Romasanta contó en el lugar como había matado y devorado a alguna de sus víctimas.

El juicio del hombre lobo duró un año; al final fue condenado al garrote vil, a pagar los gastos del juicio y a una indemnización a las familias de las víctimas. Pero la suerte del hombre lobo cambió cuando la Reina Isabel II recibió una carta de un hipnotizador francés, que había seguido todo el proceso, pidiendo su absolución ya que su teoría era que Romasanta tenía una monomanía conocida por los antiguos médicos como licantropía: un sídrome psiquiátrico que provoca una alucinación en la persona afectada y que le hace creer que es o puede transformarse en un animal. Este hecho hizo que la condena de Romasanta fuera reducida a cadena perpetua.

Manuel Blanco Romasanta murió poco despues en la cárcel de Allariz.

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