martes, 6 de diciembre de 2016

Los experimentos de Bryukhonenko



Desde 1920 hasta 1950, un científico soviético llamado Sergei S. Bryukhonenko pasó incontables horas trabajando como un esclavo en su laboratorio. En su tierra natal, era conocido como un investigador respetado por sus ideas influyentes en la transfusión de sangre. No contento con sus logros anteriores, Bryukhonenko quería llevar su labor hasta el límite de lo posible. Es entonces cuando su investigación se centra en la macabra posibilidad de sostener la vida por medios artificiales. Su laboratorio fue el hogar de todo tipo de extraños experimentos y sucesos. Su personal rápidamente se acostumbró a la vista de las cabezas sin cuerpos y cadáveres de animales disecados. Tan incómodo y horrible como era, sus hallazgos podrían resultar influyente para muchos procedimientos médicos modernos.

La intención de Bryukhonenko era crear la primera máquina corazón-pulmón de funcionamiento pleno en la historia. En esencia, se trataba de un dispositivo que pudiera entregar al cuerpo sangre oxigenada, que de otra forma el paciente por sí mismo no podría hacerlo. Esto podría ser por una variedad de razones, más notablemente, en la cirugía para un trasplante de corazón o de derivación. Es extremadamente difícil de operar en un corazón latiendo, por lo que estos artefactos son necesarios para mantener al paciente con vida durante la cirugía cardíaca invasiva. Comenzó su trabajo en 1920, para 1925 el autojector de Bryukhonenko ya estaba siendo mostrado al público en general. Consistía de bombas automáticas, un depósito para almacenar sangre y dos tubos para inyección y extracción de la sangre, es una peligrosa máquina de apariencia primitiva para los estándares de hoy. Sin embargo, a fin de cuentas, resulto fiable y llevó a cabo su trabajo adecuadamente.

No contento con su éxito inicial, Bryukhonenko se puso a trabajar en un nuevo proyecto, uno que tomaría un giro mucho más inquietante. Decidido a aprender todo lo que pudo de su autojector, comenzó a experimentar en perros. En una verdadera moda revolucionaria, los primeros experimentos Bryukhonenko se centraron en la liberación de los órganos y apéndices caninos de las cadenas opresoras de sus privilegiados cuerpos burgueses. Sus científicos lograron mantener un corazón latiendo y un pulmón funcionando independiente de sus cuerpos. Podían mantener una cabeza cortada consciente durante períodos cortos e incluso pudieron regresar a uno de estos perros del mundo de los muertos. Por increíble que parezca, estas afirmaciones son apoyadas por decenas de testigos oculares, así como documentación fiable.

Todos estos logros pueden constatados en “Experiments in the Revival of Organisms” una película de 1940 llena de adustas enfermeras rusas y caninos en varias etapas de muerte. La parte más sorprendente e inquietante de una película, ya de por si sorprendente e inquietante, es la presentación de la famosa “cabeza de perro“. En ella, los técnicos colocan la cabeza de un perro recién cortada sobre una pequeña mesa. La criatura entonces es alimentada por un suministro de aire y sangre usando el sistema de Dr. Bryukhonenko de tubos, bombas y cuencas. Como prueba del éxito del experimento, la cabeza fue sometida a toda clase de estímulos en un esfuerzo por mostrar que el miembro estaba en pleno control de sus facultades, mientras se mantenía conectado a la máquina. Sus pupilas se ajustaban cuando eran expuestas a la luz, su boca aceptaba y tragaba dulces e incluso se lamia el hocico para limpiarse cuando este se cubría de cítricos. Sus ojos lagrimeaban cuando un agente irritante era introducido e incluso reaccionaba con el sonido de un martillo de ser golpeado en las cercanías.

Como si una cabeza cortada con signos de conciencia no fuera suficiente, Bryukhonenko termina su película con la resurrección de un perro de la muerte. El proceso implica drenar la sangre de un perro vivo y dejarlo en ese estado durante aproximadamente diez minutos. El técnico entonces conectado al perro al autojector, bombea la sangre de nuevo, y espera un tiempo corto para que el corazón comience a trabajar de nuevo. Según el narrador, estos perros fueron resucitados y llevaron una vida normal después de su terrible experiencia en la mesa de operaciones. Por desgracia, las cosas no siempre son lo que parecen.

“Experiments in the Revival of Organisms” no deja de tener sus detractores. Muchos argumentan que la película es, en el mejor de los casos propaganda soviética exagerada, o en el peor una falsificación. Al ver la película en sí, está claro que no hay manera de probar muchas de las cosas que se muestran. Debido a que las escenas son muy ajustadas, cambian con frecuencia, y la propia cámara nunca se mueve, que obstinadamente se resiste a cualquier intento de análisis científico. Por sí mismo, “Experiments in the Revival of Organisms” nunca terminaría de satisfacer a una persona a menos, claro, que esté predispuesta a creer en la cinta.

Indagando un poco más en los detalles de la investigación de Bryukhonenko, dos omisiones poco estratégicas se hacen evidentes. La cabeza cortada sólo sobrevivió durante unos minutos con la circulación artificial, a diferencia de las horas que argumentó el narrador. Los perros resucitados resultaron con el cerebro dañado y por lo general no vivieron más que unos pocos días, en lugar de los años de felicidad y virilidad que los sujetos de prueba de la película habían experimentado. Todo esto, sin embargo, debe ser sopesado contra el hecho de que la investigación de Bryukhonenko directamente contribuyo a grandes avances en el campo de la vida artificial, de apoyo y en el trasplante de órganos. Sus experimentos fueron un gran éxito, pero al parecer no lo suficientemente exitosos como para llegar al público en general sin un montón de aderezo y fantasía. Por sus contribuciones a la medicina soviética, se le concedió a título póstumo el Premio Lenin.

Por desgracia para el mejor amigo del hombre, los soviéticos no terminaron del todo con sus experimentos. No mucho tiempo después del trabajo de Bryukhonenko, Vladimir Demikhov decidió que la experimentación sobre la cabeza de un perro no era suficiente. Demikhov ya era un científico famoso por su trabajo anterior en los trasplantes de órganos caninos, su investigación fue parte integrante en demostrar que los trasplantes de órganos en los seres humanos eran una posibilidad realista. Por eso, en 1954, sorprendiendo al mundo dio a conocer el primer perro de dos cabezas creado quirúrgicamente. Se trataba de injertar la cabeza de un cachorro, y a veces partes de su cuerpo superior, a una raza de perro grande totalmente adulto. De alguna manera logrando eliminar lo “raro” de los experimentos de Bryukhonenko, Demikhov ofreció algunas imágenes convincentes para apoyar sus afirmaciones científicas. A diferencia de “Experiments in the Revival of Organisms“, las imágenes de los perros de dos cabezas eran filmadas a menudo en lugares públicos, e incluían más escenas sin cortar. Estos factores prestan a las películas de Demikhov un poco más de legitimidad, aunque el engaño sin duda sigue siendo posible.

Para no ser menos que sus rivales al otro lado del oceano, los Estados Unidos emprendieron sus propios experimentos que implicaban conectar o intercambiar partes del cuerpo. Un contemporáneo de Bryukhonenko llamado Robert E. Cornish hizo su propia investigación y ganó su propio tipo de fama en el área de resucitar perros muertos. Él utilizó una técnica que consiste en mezclas químicas y un mecanismo de mucho menos tecnología para la circulación artificial. Al momento que cortaba los cuerpos, y para mantener la circulación de la sangre, Cornish inyectaba a los perros con una mezcla anticoagulante y adrenalina. Aunque sus primeros dos experimentos fracasaron, finalmente logró revivir los perros asfixiados. Cornish, ya sea por humor o arrogancia, llamó a cada uno de sus perros de prueba “Lázaro”. Al igual que Bryukhonenko, los perros Lázaros fueron severamente dañados del cerebro y resultaron ciegos. Vivieron durante meses con Cornish. A diferencia de Bryukhonenko, Cornish no era considerado como un héroe por sus compañeros. De hecho, finalmente se vio obligado a dimitir de su cargo en la investigación de la UC Berkeley, probablemente debido al cuestionable mérito de crear perros zombis y el medio favorable que cubría su trabajo.

En la década de 1960 y de los 70, Robert J. White de Cleveland, Ohio se puso en el mapa del mundo científico con su investigación sobre el éxito del trasplante de órganos y partes del cuerpo. En la década de 1960 creó un perro de dos cerebros, para demostrar que el cerebro era un órgano “inmunológicamente sano”. A diferencia del corazón o el riñón, el cerebro puede ser transplantado con poca probabilidad de que el órgano sea rechazado por el cuerpo. En la continuación de esta investigación, en 1970 White y su equipo lograron trasplantar con éxito la cabeza de un mono al cuerpo de otro. Con la incapacidad de los científicos para volver a colocar los nervios seccionados del animal, este quedo paralizado del cuello para abajo. Es comprensible el enojó del mono al despertar, la primera acción del primate fue un intento de morder al científico que trabaja cerca de él. Pronto quedó claro que el mono de prueba mantuvo el control total sobre todo por encima del cuello, y fue capaz de parpadear, comer y mover sus músculos faciales. En la medida en que su cabeza estaba concinete, era como si la operación no hubiera existido.

Es difícil de imaginar que experimentos como estos se lleven a cabo en el siglo XXI. Con la llegada de los derechos de los animales y la creciente preocupación por la situación de los mamíferos como sujetos de prueba, un mundo que toleraban tales experimentos éticamente ambiguos se está convirtiendo rápidamente en una cosa del pasado. Sin embargo, el trabajo de estos científicos “locos”, aunque tal vez poco atractivo para la mayoría de nosotros, en realidad ha hecho mucho por el mundo médico. El Autojector de Bryukhonenko allanó el camino para nuestras modernas máquinas de soporte de vida artificial, y los experimentos de White de trasplantes de órganos ayudaron a entender mejor la capacidad fisiológica del organismo para adaptarse. Junto con el trabajo de otros pioneros médicos, este trabajo condujo en última instancia a la creación y el éxito continuo de las cirugías que damos por sentado hoy en día. Sin estos hombres, la conjetura de la vida artificial o el trasplante de corazón hubieran quedado solamente en un supuesto. Uno debe preguntarse qué avances médicos se vislumbran en el horizonte, y cuáles valen las vidas perdidas para descubrirlos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Muertes gemelas



En una reconocida familia de inglaterra, una madre iba a tener un parto en algún hospital de liverpool, iban a ser gemelas. por fin llegó ese día y vinieron al mundo dos hermosas niñas. cuando cumplieron su tercer aniversario la familia salió a pasear, de regreso y mientras cruzaban la carretera para recoger el vehículo que allí habían estacionado, sin darse cuenta y en un abrir y cerrar de ojos, un vehículo se dirigía a toda velocidad hacia ellas y la desnaturalizada madre soltó a las pequeñas corriendo a un lado de la carretera. todo ocurrió en cuestión de segundos cuando el carro atropelló a las gemelas.

No se pudo hacer nada, las niñas habían muerto. todos los familiares y allegados acudieron al elegante funeral, se notaba un dolor especial en el ambiente, había una sensación de tragedia, de una tragedia que posiblemente se habría podido evitar. pero nadie como la madre se lamentaba tanto, quien repetía y repetía una y otra vez que no debió haber soltado a las niñas y que deseaba que dios se la hubiese llevado a ella en vez de a sus queridas hijas.

Dos años más tarde y ya superado el trauma, la madre quiso volver a tener hijos; el padre aceptó. sin saber lo que iba a suceder de nuevo. cuatro meses después el doctor comprobó que en su vientre había un bebé, un hermoso varón y que para que naciera saludable debía volver en dos meses para empezar a ejercitarlo. la madre se propuso que lo querría como si nunca hubiese tenido hijos. a los seis meses al niño ya se le veía claramente la forma de su pequeño y ligero cuerpecito, a los ocho meses la madre sentía que ya no podía aguantar más así que fue un parto prematuro. la noticia no era de esperarse, la madre se desmayó durante el parto e inexplicablemente salieron gemelas.

La madre no dio importancia al hecho y daba gracias a dios por haberle devuelto a sus hijas, pero entre dientes la madre y el padre se decían que nunca mencionarían nada de lo que sucedido y que las tratarían como si fueran las primeras.

Una navidad, tres años después, la familia salió de paseo al mismo lugar de siempre, al regresar, mientras cruzaban la carretera que tanto pavor daba a la madre las niñas se agarraron fuertemente a las manos de su madre y mientras se encontraban en mitad del asfalto las niñas le dijeron a su madre: “mamá……no nos sueltes, que aquí fue donde nos mataron”.

viernes, 2 de diciembre de 2016

La novia cadáver del Dr. Carl Von Cosel



A menudo nos encontramos con historias que nos hacen preguntarnos, ¿qué tipo de “locuras” el ser humano es capaz de realizar?, ya sea por el dinero, el amor, la enfermedad, la desesperación y la enfermedad. Y es muy preocupante cuando más de uno de los factores antes mencionados, inciden sobre un mismo individuo. El siguiente texto muestra una de estas historias.

Carl von Cosel dejó su ciudad natal de Dresde (Alemania) en 1927 rumbo a Key West, Florida, en busca de una nueva vida. El médico tenía entonces 50 años de edad. Una vez ahí, Cosel comenzó a trabajar en el Hospital de la Marina de los Estados Unidos como radiólogo y patólogo. 

Dotado de gran inteligencia, tenía un taller en su casa, donde construyó numerosos inventos, como un avión hecho de chatarra y equipo militar sobrante al que cariñosamente llamaba “Condesa Elaine“. Y así, el médico experimentado llevaba su vida, hasta que en abril de 1930 una paciente cambiaría totalmente su historia.

Maria Elena Milagro de Hoyos, una bella joven cubana de 21 años de edad que había sido diagnosticada con tuberculosis y recibía la atención del Dr. Cosel, que en la primera quedó totalmente enamorado de la chica. Obsesionado por esta pasión, Carl intentó recurrir desesperadamente a todo tipo de tratamiento para salvar a la pobre Elena, desde invenciones de pociones hasta descargas eléctricas en la paciente, pero todas sin éxito. 

Elena murió poco después, a los 22 años en su casa, y Cosel se mantuvo a su lado hasta el último aliento. Devastado por la muerte de su amada, el médico se ofreció a pagar el funeral y construyó un mausoleo diseñado por él mismo, con un ataúd lleno de sustancias metálicas tales como formaldehído para preservar el buen estado del cadáver, todo para darle un descanso a su digna musa. Hasta ahora, una historia de amor triste ¿no? Pero ahí es donde comienza la rareza …

Cada noche Carl visitaba el sarcófago de Elena y pasaba horas conversando con lo que él imaginaba era la joven, hasta que un día, de acuerdo con el médico, ella le pidió ser retirada de la prisión en que estaba, para que pudieran ser felices juntos. El doctor no lo pensó dos veces y saco el cadáver de su lugar de descanso, llevándolo a la Condesa Elaine (el avión).

A partir de ahí la obsesión de resucitar a Elena hizo a Cosel capaz de las mayores locuras. El médico fijó los huesos del cuerpo con ganchos de alambre y cuerdas de de piano, llenó de trapos mojados con sustancias los órganos ya deshidratadas de su ex paciente, reparó su piel con cera, seda y yeso, sustituyendo sus ojos podridos con ojos de vidrio para así recrear una cara muy espantosa de la joven, que una vez había sido tan hermosa. 

Días después Cosel la vestía con vestido de novia, tiara, velo y perfumada sobre su cama celebró una ceremonia de casamiento. Y sí, el matrimonio se consumó con el cadáver de la pobre Elena. Carl pasó nada menos que siete años viviendo con la difunta.

La “alegría” del médico sólo terminó en 1940, cuando sospecharon de los rumores sobre lo que podría estar ocurriendo, Florinda – una hermana Elena – descubrió la relación macabra de su “cuñado” con el cadáver. 

La historia generó conmoción general y durante tres días el cuerpo momificado de Elena fue expuesto en la funeraria. Hay informes de algunas personas mayores, niños en el momento, de que pasaron muchas noches sin dormir después de ver a la espantosa muñeca cadáver. Poco después fue enterrada sin identificación en el cementerio de la ciudad para que finalmente descansara tranquilamente, sin correr el riesgo de ser robada de nuevo.

En cuanto al doctor Carl von Cosel, lo que siguió fue un poco curioso. Mientras el médico despertó el odio de la familia de su ex paciente y “esposa”, al mismo tiempo se había ganado muchos fans debido a su “historia de amor”. Dos de ellos consiguieron la libertad bajo fianza y el enamorado pudo vivir en libertad en espera de juicio. Además, Carl “ganó” el derecho a “disfrutar” de los servicios de un grupo de prostitutas cubanas “de forma gratuita”. Como el delito prescribió, el médico ganó la libertad y, sorprendentemente, fue declarado mentalmente sano, sin ningún tipo de enfermedad.

La historia acaba de terminar el 3 de julio de 1952, cuando Carl fue encontrado muerto abrazado a una imagen de cera de su amada Elena.




miércoles, 30 de noviembre de 2016

Jesse Harding Pomeroy



Uno de los primeros casos conocidos acerca de niños asesinos es el del norteamericano Jesse Harding Pomeroy, nacido el 29 de Noviembre de 1859 en el pueblo de Charleston, Massachusetts. Fue el segundo hijo de Thomas y Ruthann Pomeroy, personas que vivían en la medianía económica de ese entonces. Se dice que el padre de familia era un sujeto abusivo y alcohólico, no muy diferente de la gran mayoría de hombres de su condición. Por cualquier motivo que lo enfureciera, llevaba a sus hijos a una cabaña donde los desnudaba y aporreaba hasta aplacarse. De estas palizas Jesse no asimiló la idea de la buena conducta, sino una forma pervertida del placer y la diversión.
De acuerdo a los relatos de la época la apariencia de Pomeroy inspiraba miedo. El mismo estaba conciente de que era un sujeto diferente. Su cuerpo era muy grande para su edad, así como su cabeza, orejas y rasgos faciales poco favorecedores. Su ojo derecho carecía de iris y pupila, confiriéndole un aspecto aterrador. Ni su propio padre podía mirarlo sin experimentar un escalofrío.

Como siempre ocurre, en consecuencia o a causa de ser diferente, Pomeroy era un sujeto retraído y solitario. Nadie lo recordaba sonriendo pero si por sus extraños ataques nerviosos que de vez en cuando lo atacaban. Por lo tanto durante su tierna niñez seguramente fue pasto de los niños abusadores de su barrio.

En casa de la familia Pomeroy no podía haber mascotas. De forma inesperada, aparecían muertos. Una vez, los canarios de la señora Pomeroy aparecieron con las cabezas arrancadas y después de que descubriera a Jesse torturando al gato de los vecinos, se decidió que no entrarían más animales al domicilio. Esta conducta violenta contra los animales forma parte de la clásica triada fatídica observada en la mayoría de los asesinos seriales del mundo. Los animales constituyen la experimentación del sadismo y la violencia que en un futuro el psicópata ha de aplicar a sus semejantes.


En una suerte de lenta pero trágica evolución, Pomeroy decidió descargar sus locuras contra nuevas presas, eligiéndolas de acuerdo a su edad, niños más pequeños que él. El primero fue el niño William Paine que fue hallado un día de diciembre de 1871 por dos hombres que caminaban por una calle solitaria. Habían escuchado un lloro quedo y apagado y al acercarse a una pequeña cabaña pudieron escucharlo con mayor claridad y al entrar quedaron sorprendidos al ver al pequeño niño de 4 años colgar de las manos, que estaban atadas con una cuerda suspendida del techo del lugar. Apenas consciente lloraba Paine, cubierta su espalda de laceraciones y fuertes moretones. No pudo denunciar a su atacante.

El siguiente fue Tracy Hayden de 7 años quien en Febrero de 1872 fue engañado por Pomeroy para llevarlo a un lugar apartado con la promesa de ir a ver a los soldados. Una vez apartados de cualquier distracción, procedió a amarrarlo y a torturarlo con la misma furia que había aplicado al pequeño Paine. Del ataque Hayden resultó con los ojos morados, los dientes frontales partidos, la nariz rota y el torso cubierto de heridas y verdugones. Tras este episodio la policía solo pudo enterarse que el atacante era un muchachito de cabello castaño, escasa información como para que las autoridades pudieran hacer algo al respecto.

Luego a mediados de Abril de 1872 Pomeroy prometió llevar al circo al jovencito de 8 años Robert Maier y después de caminar hasta sus apartados dominios lo sometió como acostumbraba con sus víctimas. Lo desnudó casi por completo y mientras lo golpeaba con una vara lo obligaba a maldecir.

Maier reportó que mientras Pomeroy lo vapuleaba se masturbaba disfrutando el sufrimiento que le provocaba. Al terminar lo soltó y le juró que lo mataría si lo delataba con alguien. Después huyó del lugar. La policía comenzó a actuar interrogando numerosos adolescentes de cabello castaño. Los medios comenzaron a mostrarse nerviosos y los padres advertían fervientemente a sus hijos no juntarse ni hablar con extraños en la calle. Por alguna razón la descripción del sádico bribón derivó en la de un adolescente de barba y pelirrojo. Mientras tanto el lampiño y castaño Jesse Pomeroy escapaba con comodidad de la búsqueda policial.

El siguiente golpe, a mediados de Julio, fue contra un niño desconocido de 7 años a quien le fue propinado el mismo tratamiento que a los demás, es decir una feroz paliza hasta que Pomeroy alcanzó el orgasmo. Esta vez la policía ofreció una recompensa de $500 dólares a quien ayudara en la captura del "sádico bribón" como era llamado el adolescente que atormentaba los niños de Boston.

Poco tiempo después Ruth Pomeroy decidió que su familia se mudara al sur de Boston. Se especula que la señora sospechaba acerca de la posible responsabilidad de su hijo en los recientes ataques a infantes. Aunque es posible que se hayan movido por cualquier motivo. Sin embargo cuando los ataques también se escenificaron de Chelsea a su nuevo rumbo seguramente algo debió haber pensado, pero no se sabe realmente. La madre de Jesse siempre permaneció fiel a su hijo, y negaría las imputaciones formuladas contra su hijo.

George Pratt andaba en las calles cuando fue abordado por Pomeroy y con al promesa de recompensarlo con un dinero por traer un mandado lo condujo a un lugar solitario donde comenzó su inhumano ataque. Después de atarlo y desnudarlo lo aporreó sin misericordia con un cinturón.

Esta vez elevó el nivel de sus atrocidades, mordiéndole un cachete y arañándolo profundamente en la piel. Varias veces le enterró una larga aguja en diversas partes del cuerpo. Intentó inclusive clavársela en un ojo, pero Pratt logró colocarse en posición fetal antes que Pomeroy lograra su objetivo. Por fortuna, el sádico bribón había saciado su sed de violencia y huyó del lugar no sin antes morderle un glúteo al desafortunado niño. Una vez visto el caso por las autoridades concluyeron que no podía ser obra más que de un sujeto demente, entonces temieron lo peor, que continuara la racha de ataques.

El siguiente desventurado fue el niño de 6 años Harry Austin con quien Pomeroy evidenció que su depravación aumentaba en espiral, aparte de la usual paliza, esta vez empleó su navaja de bolsillo para apuñalar en brazos y hombros a su víctima. Se disponía a rebanarle el pene cuando fue interrumpido ante la cercanía de unas personas. Pocos días después atacó al niño Joseph Kennedy a quien a la vez que aporreaba lo obligaba a recitar oraciones religiosas plagadas de obscenidades. A Kennedy le provocó una fuerte cortada en la cara con su cuchillo y luego lo llevó a la orilla del mar para echarle agua salada en las heridas. El chiquillo de 5 años Robert Gould fue el siguiente en caer engañado por Pomeroy quien le había prometido llevarlo a ver soldados, para luego someterlo cerca de una estación de trenes. Cuando amenazaba al chico con la punta de su navaja en el cuello, Pomeroy se dio cuenta que era observado por unos ferrocarrileros y tuvo que huir. Para fortuna de la policía Gould aportó pistas más concretas, como que su atacante era un joven adolescente de cabellos castaños y un ojo totalmente blanco.

A fines de 1872 la policía efectuaba visitas a las escuelas del sistema público de Boston con la esperanza de encontrar al sádico bribón a quien creían, pronto se convertiría en un temible homicida. Un día de Septiembre visitaron la escuela de Pomeroy, pero el joven Kennedy no podía identificar entre los alumnos a su atacante. Ese mismo día que la policía había visitado su salón, Pomeroy al regresar a su casa, decidió darse una vuelta por la estación policial y al pasar tan cerca, fue súbitamente identificado por Kennedy quien continuaba con sus declaraciones. No esta muy claro el porque de esta conducta pero es muy posible que Pomeroy haya estado involucrado en una suerte de juego del gato y el ratón con la policía. Eso ha ocurrido muchas veces con psicópatas de ese estilo. Cuando Pomeroy pasaba, Kennedy lo alcanzó a ver en la estación y logró hacer que la policía persiguiera al sádico bribón que inmediatamente fue puesto bajo arresto. A pesar del intenso y severo interrogatorio, Pomeroy se mantuvo tranquilo clamando su inocencia en todo momento. Lo despertaron a media noche en la celda donde había sido confinado y con la amenaza de ser encarcelado por 100 años, finalmente Jesse Pomeroy se dio por vencido. Al día siguiente fue llevado para que todas sus víctimas lo identificaran lo cual parece ser ocurrió sin mayor problema. Entonces lo que faltaba era que un magistrado le dictara sentencia. Como se esperaba, su madre testificó a favor de Pomeroy, porque no podía ser de otro modo. Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, solo atino a decir "no pude evitarlo..." a la vez que agachaba su cabeza en señal de vergüenza. La sentencia fue el ingreso a un reformatorio juvenil hasta que cumpliera 18 años, es decir la mayoría de edad. Madre e hijo psicópata abandonaron en lágrimas la corte según las crónicas de la época.

El reformatorio juvenil Westborough se convirtió en el siguiente hogar de Jesse Pomeroy. Aquel lugar albergaba a jóvenes infractores y a muchachos malcriados o difíciles de tratar a quienes sus padres enviaban ahí para quitarse un gran peso de encima. Instituciones de este tipo difícilmente reformaban a alguien en esa época. Simplemente el hecho de encerrar bribones peligrosos provocaba en ellos la aparición de una mentalidad salvaje y oportunista en que los más fuertes sometían al resto.

En un lugar así podría florecer un chico listo y sádico como Pomeroy quien desde un principio entendió que si deseaba salir antes de cumplir los 18 años debía demostrar una conducta intachable. Según se cuenta, vivió la mayor parte del tiempo en soledad pues los chicos mayores lo molestaban y los menores le trataban de hacer saltar, conscientes del porque estaba ahí recluido. La dura rutina de Westborough consistía en trabajos forzados y clases obligatorias diarias. Como un interno modelo Pomeroy evadió eficientemente los castigos y las reprimendas, pero siempre estaba al tanto de todo detalle e incidentes cuando alguien era castigado. Tras quince meses de encierro el comité de libertad condicional aprobó su salida. Mientras Jesse purgaba condena, su madre hacía campaña por la liberación y exoneración de su hijo enviando cartas a las autoridades y a quien estuviera dispuesto a escuchar su punto de vista, sin embargo fue la buena conducta de Pomeroy que movió a los magistrados juveniles a liberarlo.

Los Pomeroy prometieron esmerarse en la vigilancia de su hijo a quien habían dejado vagar más de la cuenta. La señora tenía una tienda de ropa y su hijo mayor un puesto de periódico, negocios en los cuales emplearían al joven Jesse para que no perdiera el tiempo. A pesar de los horribles crímenes de que se había acusado a Pomeroy, la policía consideraba que no se debía ser muy duro y por mucho tiempo contra el chico y que se le debía dar una oportunidad de redimirse asimismo. A ninguna autoridad se le ocurrió informar a nadie en la comunidad donde vivía Pomeroy, que éste había sido liberado. La gente vivía bajo la creencia de que el sádico bribón del ojo blanco estaría bien guardado por varios años.

No pasaron ni los dos meses en libertad cuando Pomeroy atacó cuando la oportunidad se presento a la puerta de la tienda de su mama. El 18 de Marzo de 1874 muy temprano Jesse efectuaba la limpieza y platicaba con un empleado de apellido Kohr, de la misma edad que Pomeroy cuando llegó la niña Katie Curran a preguntar por un cuaderno de notas. La chica explicó que tenía un nuevo profesor y deseaba un cuaderno nuevo. Para su desgracia la primera tienda que había visitado no tenía ya la mercancía solicitada. Inmediatamente Pomeroy urdió una treta para tener a la jovencita. Dijo que quedaba un cuaderno pero manchado de tinta y que había que buscarlo dentro de la tienda, entonces mandó al ayudante Kohr con el carnicero a conseguir comida para las mascotas dejando libre el camino para sus obscuros deseos. La inocente chica siguió a Pomeroy a unas escaleras que daban a un especie de sótano en el edificio, confiada en la explicación de que abajo también tenían una tienda. Solo al final pudo darse cuenta que había sido engañada, pero era demasiado tarde. Fue sometida velozmente por Pomeroy quien con su navaja de bolsillo la degolló brutalmente. Cuando el cuerpo fue descubierto su avanzado estado de descomposición hizo muy difícil conocer el grado de daños que había recibido. Después de asesinar a la pequeña Katie, Pomeroy se lavó la sangre y regresó al puesto a seguir trabajando como si nada hubiera ocurrido. El cadáver permaneció donde lo había dejado sin que nadie notara nada extraño hasta que la policía fue a rescatarlo.

La madre de Curran comenzó a buscarla a la hora de que la niña había salido de su casa. Su búsqueda resultó infructuosa y con escasa cooperación de la policía quienes en todo momento evitaron incriminar a Jesse Pomeroy en la desaparición de Katie, a pesar de la declaración del ayudante Kohr y del turbio pasado reciente del sádico bribón. Luego apareció un testigo que aseguró haber visto como Katie Curran había sido introducida a un vagón de tren, entonces la policía determinó que se trataba de un secuestro y el caso quedó congelado.

La sed de sangre de Pomeroy estaba lejos de terminarse tras el crimen contra Katie Curran, poco después seguía en lo mismo, en busca de algún ingenuo chico a quien engañar con la promesa de dinero, dulces o lo que fuera para llevarlo a un sitio apartado donde asaltarlo. Y tal iba a ser el destino del chico Harry Field a quien le prometió unos centavos por llevarlo a una calle que dijo no saber como llegar a ella. Una vez que dieron con el lugar, Pomeroy se tornó violento y amenazó al chico con matarlo si gritaba. Para la enorme fortuna de Harry ocurrió que cuando iban por la calle, un rapazuelo vecino de Pomeroy apareció en el camino y comenzaron a gritarse de un lado de la calle a otro, ese momento fue aprovechado por Harry para huir corriendo y no paró hasta llegar a su casa.

Trágicamente el siguiente niño en caer en las garras de Pomeroy no tuvo la misma buena suerte que Harry Field. El niño Horace Millen se encontró con el sádico bribón en la calle y fácilmente cayó envuelto en las tretas que siempre aplicaba para llevar lejos a sus víctimas. Antes de eso, entraron a una pastelería por un bocadito que felizmente iban comiendo ambos durante el camino a las partes pantanosas y solitarias del sur de Boston. Esta vez numerosos testigos vieron a la inusual pareja de "hermanos" caminar por las calles y fuera de la ciudad. Una señora testificó acerca de lo extraño que lucía el chico mayor, quien irradiaba una rara felicidad y excitación mientras caminaba de la mano del niño pequeño quien a su vez provocó extrañeza por sus buenas ropas que portaba.

De acuerdo a Pomeroy, cuando llevaba a Millen de la mano hacia un lugar apartado casi no podía controlar sus impulsos y supo desde el primer momento que quería asesinar al niño de 4 años. Esta vez quería estar seguro que nadie lo interrumpiera y por eso caminaron largo rato hasta llegar a un paraje arenoso donde se sentaron a descansar. Horace Millen aún no se daba cuenta que la promesa de ir a ver un barco de vapor no era mas que una excusa del sádico bribón para asesinarlo. Con su cuchillo de bolsillo Pomeroy descargó un furioso ataque a la garganta del inocente chico, a pesar del sangriento ataque, Millen no había muerto y peleaba por su vida. De acuerdo al reporte del forense había numerosas heridas de las llamadas defensivas en brazos y manos. Pero un niño de 4 años gravemente herido no era remotamente rival de un joven psicópata. Se contaron hasta 18 heridas en el tórax y lo más impactante fue ver como las uñas de las manos estaban firmemente incrustadas en las palmas como evidencia de la agonía y atroz muerte experimentada por el niño Horace Millen. Cuando su cadáver fue lavado apareció su ojo apuñalado también, así como heridas profundas en el escroto lo cual indicaba el intento de castrar al niño.

Unos niños que jugaban en la playa descubrieron el cuerpo e inmediatamente avisaron a unos señores que cazaban patos en las cercanías. Para ese entonces la familia de Horace ya lo buscaba por todos lados y el padre de familia ya había reportado la desaparición a la policía. Para la noche a las 9, la familia era informada de la muerte de su hijo. Inmediatamente vino a la mente de las autoridades el sospechoso número uno, aquel chico despiadado que gustaba de torturar niños pero no podía ser posible que fuera el, dado que purgaba condena en un reformatorio juvenil. Tardo poco en que se confirmara la aterradora realidad, aquel sádico bribón había sido puesto en libertad condicional no hacía mucho tiempo. Se despachó una patrulla a su casa y a pesar de las airadas protestas de Ruthann Pomeroy el chico fue conducido a la policía.

Mostrando la mayor de las tranquilidades, Pomeroy resistió el primer interrogatorio negando conocer acerca del crimen que se le imputaba. Sin embargo no pudo ofrecer una buena coartada, pues no tenía una explicación convincente sobre su paradero desde las 11 de la mañana hasta las 3 de la tarde. Luego con su habitual frialdad fue dejado durmiendo en la celda de la comisaría. Mientras tanto los oficiales tomaron su calzado que tenía adheridos pastos del pantano y lodillo. Con los zapatos de Horace Millen y los de Pomeroy reconstruyeron los pasos de los chicos que los ubicaban a ambos en la escena del crimen. Mediante yeso compararon las huellas más grandes coincidiendo a la perfección con las suelas del sádico bribón. Aquel procedimiento era normalmente aceptado en los procesos judiciales de la época. Temprano al día siguiente despertaron a Jesse y lo confrontaron con el hecho de que ahora lo podían ubicar sin lugar a dudas en la escena del crimen y le sugirieron ir a ver el cuerpo de Millen a la morgue. Obviamente el chico se negó rotundamente diciendo que él nada tenía que ver con el asunto. Sin embargo una vez puesto de frente al mutilado cadáver Pomeroy no pudo resistir la presión y terminó por admitir su culpa. Entre sozollos admitió "Lo siento, yo lo hice... por favor no le digan a mi mama!..." Los detectives le preguntaron si sabía que iba a ocurrirle a continuación a lo que respondió que no sabía pero que por favor lo pusieran en lugar donde no pudiera hacerle daño a nadie. La acusación y la convicción del crimen ocurrieron de manera expedita. Sin mayores trámites tanto la policía como los medios habían encontrado al culpable a quienes no bajaban de ser un monstruo de la sociedad y es que visto en retrospectiva, en realidad lo era. El comité de libertad condicional juvenil fue severamente cuestionado por haber liberado al sádico bribón.

Tras la detención de Pomeroy y la consecuente lapidación pública de su familia, la señora Ruthann vio caer al suelo su tienda de ropa y sin embargo insistía en la inocencia de su joven hijo. Ya nadie se acercaba a su comercio a no ser para ver donde trabajaba el sádico bribón. Mientras ella caía en desgracia económica sus rivales de enfrente ampliaban sus negocios de modo que le ofrecieron comprar sus locales. Cuando los trabajadores fueron a hacer las remodelaciones y adecuaciones encontraron en el sótano el cadáver putrefacto de Katie Curran. No hubo una sola duda acerca de la culpabilidad de Pomeroy en la muerte de la chiquilla. Pero si resultó entretenido saber si la familia estaba enterada al respecto. Cuando le informaron a Jesse sobre el nuevo muertito que le cargarían encima negó toda relación con el suceso, pero confrontado con el hecho de que su madre y hermano serían cargados con el crimen terminó por doblarse y confesar. Paso a paso el sádico bribón recordó los acontecimientos de esa mañana cuando la niña Curran fue a comprar una libreta de apuntes a su tienda y de como la había conducido abajo para poderla asesinar. No sabía porque lo había hecho, solo quería observar su reacción. La pena impuesta a los asesinos de este tipo en el estado de Massachusetts era la horca.

La defensa de Pomeroy se concentró en el crucial debate acerca de la locura de su cliente o que simplemente estuviera mentalmente enfermo. Pero quedó definitivamente establecido que su defendido conocía y admitía que sus actos estaban mal, por lo que la batalla legal fue perdida sin remedio. Jesse Pomeroy fue sentenciado a la horca, sin embargo no hubo gobernador alguno que se atreviera a firmar la sentencia. Ya fuera por convicción personal o por cálculo político en tiempos electorales la decisión respecto al sádico bribón tomó mucho tiempo y continuos aplazamientos. Y es que era muy difícil para la autoridad ejecutar a un chico de 14 años ¡Jamás había ocurrido la necesidad de ejecutar a un hombre tan joven en la historia penal de la nación! Todos se iban pasando la patata caliente de mano en mano. Finalmente el gobernador Alexander Rice tomó una decisión, tras escuchar el veredicto de un panel de asesores quienes recomendaban la ejecución como solución final a este molesto asunto público. Rice entonces aceptó que el castigo debía ser ejemplar pero no la pena capital y sin publicitar su decisión, impuso la cadena perpetua para Pomeroy, no solo eso, esta debía ser cumplida en solitario. Era algo así como enterrar vivo al sádico bribón.

Durante su encarcelamiento la única persona en visitar a Jesse Pomeroy fue su madre mes tras mes, hasta que ella murió y nadie más fue a visitarlo de nuevo. Comía solo y se ejercitaba en un patio sin que lo acompañara nadie. Le era permitido bañarse unas cuantas veces y le era abastecida su celda con abundante material de lectura. Pronto su mundo fue un cuarto de acero y concreto condición en el cual permaneció por 40 años. Durante este tiempo estudio varias lenguas pero jamás tuvo la oportunidad de practicar ninguna realmente. Mucho tiempo trató de planear un escape. Inclusive escarbó la pared hasta llegar a la tubería del gas tratando de volar la puerta de su celda. Hay quienes aseguran que no trataba de huir, sino de terminar con su propia vida. En 1917 su castigo fue disminuido y se le permitió integrarse a la población general de la prisión. A veces resurgía su nombre en periódicos y de vez en cuando algún reportero preguntaba sobre su actual condición. Cuando fue puesto con los demás disfrutaba como nadie saberse aún celebre por las atrocidades cometidas hacía cuatro décadas. Pero luego pasó el tiempo y los nuevos internos nada sabían acerca del viejo Pomeroy. En 1929 fue removido de Charlestown para llevarlo a un hospicio de la policía donde pasó los dos últimos años de su vida plagado de enfermedades y en franca agonía. Su deseo final fue ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas a los cuatro vientos. Jamás mostró remordimiento alguno por sus víctimas.

lunes, 28 de noviembre de 2016

El fantasma de la escalera de Tulip



Ralph Hardy, un reverendo retirado de White Rock, en la Columbia Británica, tomó una fotografía en 1966 que se convertiría en uno de los misterios sobrenaturales más importantes del mundo. Se trata de una captura de la escalera de Tulip en la zona de la Casa de la Reina, en el Museo Marítimo de Greenwich, Inglaterra. Pero la imagen captura algo más: un espíritu que se aferra a los barrotes de la escalera.

Los expertos analizaron la fotografía y el rollo, y dictaminaron que no había sido modificado bajo ninguna técnica conocida. La imagen de una figura encapuchada, aferrada a los barrotes y tratando de subir al escalera, pronto se convirtió en una de las leyendas de fantasmas más conocidas de Inglaterra, al punto que aún hoy algunos dicen ver al fantasma de la escalera de Tulip.

El edificio donde funciona el museo tiene más de 400 años, y a lo largo de su historia se han denunciado otras apariciones de fantasmas y criaturas sobrenaturales. Hay relatos que hablan sobre puertas que se cierran solas y voces de un coro infantil que se pueden escuchar de manera intermitente.

¿Existen seres sobrenaturales que habitan en el museo de Greenwich? ¿Han estado apareciendo en fotografías y momentos específicos para dejar un mensaje, o simplemente para jugar?



sábado, 26 de noviembre de 2016

Terror en el quirófano



Pocas veces en la vida se pasa tanto miedo como en el momento en el que tú mismo, un familiar o ser querido debe ser hospitalizado e intervenido quirúrgicamente. Durante minutos, o incluso horas, uno es completamente vulnerable y la vida pende de un hilo, sabes que cualquier error médico te puede costar la vida o dejarte con graves secuelas. No es por eso de extrañar que existan tantas leyendas urbanas en relación a los hospitales, los errores médicos y las operaciones que salieron mal. ¿Pero cuánto hay de verdad y qué es falso en los relatos que casi todos hemos escuchado alguna vez?

Despertar en medio de una operación

Por desgracia es un peligro real y se estima que, una de cada 1.000 personas que son intervenidas quirúrgicamente en el mundo, se despierta durante la operación. Normalmente no se recupera totalmente la conciencia y sólo se recuerdan fragmentos de la conversación del personal sanitario o un leve malestar. Las técnicas han avanzado mucho y cada vez existen más métodos de monitorear al paciente; por lo que, cuando se detecta que está recuperando la conciencia, simplemente se aumenta la dosis de anestesia.

Pero existen multitud de testimonios de individuos que sentían como su cuerpo permanecía inmóvil; incapaces de avisar que estaban despiertos, no podían gritar, ni tan siquiera llorar, y nadie parecía darse cuenta de que sentían dolor cuando cortaban sus cuerpos y urgaban en su órganos. Incluso los que no sentían dolor, podían percibir claramente cómo manipulaban su interior, y escuchar con claridad cómo su carne se desgarraba. Sin duda una de las mayores agonías que se pueden vivir.

Ejemplo: Erin Cook se sometió a cirugía para la extirparle un tumor en su ovario. Recuerda haberse dormido con la anestesia, pero minutos después despertó con un intenso dolor al sentir cómo cortaban su cuerpo. Se sintió atrapada en su cuerpo, incapaz de moverse o respirar. El hospital le informó después que un gas había estado cayendo durante la operación y sólo recibió el 5% de la anestesia necesaria.

Objetos olvidados en tu interior

Durante una intervención quirúrgica se usa diverso material que es necesario para la operación, como bisturís, gasas, pinzas, tijeras, etc. En algunos casos, por descuido de médicos o enfermeras este instrumental se ha olvidado en el interior del paciente y se ha cosido su cuerpo con esos objetos anómalos dentro. Esto puede provocar gran dolor al paciente, fiebre, inflamación o incluso causarle una infección que le puede costar la vida.

Ejemplo: Nelson Bailey dejó la sala de operaciones con una gasa de 30 centímetros de largo por 30 de ancho dentro de su abdomen. Cuando los médicos descubrieron su error y abrieron nuevamente su herida, la gasa estaba podrida y había perforado sus intestinos.

Operar al paciente equivocado

Esta negligencia médica es la que más historias urbanas ha generado, y es que es aterrador pensar que un error al verificar la identidad del paciente puede ocasionar que se le practique una operación que no le era necesaria. Una de las leyendas urbanas que más frecuentemente he escuchado es la del hombre que despertó con una operación de cambio de sexo porque le confundieron con otro paciente con nombre similar, pero no es la única, y en algunos casos el relato cambia y lo que se le hizo fue amputar una pierna u operar a un paciente sano.

Ejemplo: A Kerry Higuera se le practicó una radiografía de rayos X en el abdomen, a pesar que tenía tres meses de embarazo. Los médicos la confundieron con otra paciente del mismo nombre. Este procedimiento aumentó el riesgo del bebé de padecer leucemia o defectos de nacimiento. Afortunadamente su hijo, Nathan, nació bien.

Operar el lado equivocado

Conocido médicamente como “error de lateralidad”, se podría considerar una negligencia médica relativamente común por la cantidad de noticias reales que circulan por la red . Casos como el de un anciano peruano al que se le amputaron ambas piernas porque inicialmente se equivocaron de lado, gente que queda ciega tras ser operada de un ojo sano o incluso testimonios de personas a las que se les extirpó un riñon sano obligándoles a vivir conectados a una máquina de diálisis hasta que reciban un trasplante (si tienen esa suerte).

Ejemplo: Jorge Villanueva Morales (un anciano peruano de 88 años) se quedó sin ambas piernas en enero del 2010, cuando le fue amputada su pierna izquierda por error; según su historia médica, debía habérsele cercenado la pierna derecha.

Abusos sexuales mientra se está sedado

Son varios los casos probados y en los que se ha sentenciado a varios años de prisión a médicos y enfemeros que, aprovechando que los pacientes estaban bajo los efectos de la anestesia, violaron a sus víctimas, la mayoría nunca supieron nada o no podían probar lo sucedido pues ni ellas mismas sabían si había pasado realmente, ya que seguían atontadas después de la intervención .

Ejemplo: Paul Patrick Serdula, un enfermero anestesista, fue descubierto casi por casualidad cuando una empleada de una clínica dental encontró una cámara oculta en el baño de mujeres. Cuando la policía fue a su casa, encontró cientos de cintas en las que se le podía ver violando, sodomizando y manoseando a varias paciente mientras estaban bajo los efectos de la anestesia, una de ellas tan sólo tenía quince años. Fue sentenciado a cadena perpetua más 25 años.

Robo de órganos en la sala de operaciones

Esta es la única leyenda urbana en la que no he podido encontrar casos reales probados. La historia contaría el caso de personas, a las que por ejemplo, se les saca un riñón sano alegando que era necesaria la operación para posteriormente trasplantar el órgano a una persona que pagaría grandes cantidades de dinero a los médicos.

Pero éste no es el caso más escalofriante, otras versiones de la leyenda aseguran que incluso muchas víctimas morirían en la mesa de operaciones en intervenciones quirúrgicas que eran teóricamente rutinarias (como una apendicitis) o simplemente no eran necesarias. De este modo, médicos sin escrúpulos podrían extraer los órganos de la víctima en las condiciones óptimas, en un ambiente esterilizado y sin despertar muchas sospechas.