martes, 19 de septiembre de 2017

Leyenda de Felipe el cantarero



En un pueblo de la sierra apareció un día la figura de un hombre desgarbado de nombre Felipe llevaba a sus espaldas un gran costal. Dentro de él guardaba grandes vasijas y ollas de barro. Sin embargo, su rostro y manos llenas de cicatrices hacían que casi nadie se acercara. Suena lógico, ya que la gente estaba acostumbrada a propagar leyendas de terror sobre cualquier individuo que no fuera nativo de la zona.

Aquel sujeto cambiaba a diario su ubicación, con la esperanza de que al fin alguien le comprara alguno de sus cántaros. Luego de mucho resonar, imaginó que lo mejor era colocarse junto a la iglesia, dado que la gente del lugar era creyente.

Poco a poco empezó a ganar clientela y las leyendas negativas empezaron a desaparecer. Cuando el fin pensó que su suerte cambiaría de una buena vez y que volvería a hacer tres comidas al día, se topó con el que se convertiría en su peor enemigo; el sacerdote del pueblo.

Una tarde de enero éste se le acercó al artesano diciéndole: – Llevas ya mucho tiempo aquí. El ajetreo que provocas con tus utensilios de barro distrae a mi feligresía cuando estoy oficiando misa.

– Dispense padre pero no tengo otra parte en donde pueda vender mi mercancía.

– Búscala por otro lado ya que si mañana te vuelvo a ver aquí, te correré a patadas. Me molesta que haya mendigos cerca de mi iglesia.

Veinticuatro horas más tarde, el clérigo al percatarse de que sus palabras no habían sido suficientes. Comenzó a romper las vasijas de barro ante la mirada desconcertada de Felipe.

– ¿Sabe a qué me dedicaba antes padre? Era profeta y puedo decirle que en su futuro cercano veo a la muerte. Exclamó el cantarero.

– Tus historias de terror me importan un bledo, pero sólo por darte gusto dime ¿cómo voy a morir? Su cuerpo será devorado lentamente por organismos rastreros igual que usted.

Esa misma noche, el caballo en el que iba montado el párroco con dirección a su casa, se desbocó proyectándolo hacia un declive del camino. Nadie escuchó sus gritos de espanto cuando las larvas acabaron con su vida una semana más tarde.

viernes, 15 de septiembre de 2017

aeroplano 696



He escuchado que los aviones son el medio más seguro de viajar, ya que la tasa de accidentes es mucho menor que en otros medios de transporte. Sin embargo, siempre he sentido terror al subirme a estas máquinas, sobre todo después de oír la leyenda del Capitán Ovando.

Artemio Ovando era un hombre de aproximadamente 40 años de edad. Poseía gran destreza para manejar todo tipo de máquinas aéreas. Es decir, desde aviones pequeños de carga hasta “Jumbos”.

Decía que no le tenía miedo a nada, salvo a las tormentas eléctricas fuertes, pues un rayo podía dañar seriamente el fuselaje de la aeronave. Era un individuo rutinario, antes de salir del aeropuerto tomaba una biblia de bolsillo y rezaba unos pasajes que tenía marcados con tinta azul.

No obstante en una ocasión, debido a una demora en su itinerario, le asignaron otro vuelo que no era el que él tenía programado. Ahora en vez de dirigirse a la ciudad de Bogotá, debía llegar a Rio de Janeiro.

Ingresó a la cabina, saludó tanto a los pasajeros como a su tripulación y revisó que los instrumentos funcionarán adecuadamente. Más cuando quiso leer sus oraciones, se dio cuenta de que su libro se había extraviado.

– Ahora que recuerdo, estoy casi seguro de que lo dejé en el taxi. Recordó.

En seguida se levantó de su asiento e intentó salir del avión para comprar otro ejemplar en alguna de las tiendas del aeropuerto. Sin embargo, el copiloto le rebatió:

– ¿A dónde va capitán? Ya es casi hora de salir y no nos podemos demorar. ¿Se le ofrece algo?

– No. Bueno… Si, necesito una biblia para poder iniciar el trayecto.

– No me diga que es supersticioso. Un hombre de su sapiencia debe ser consciente de que los individuos fabrican su propia suerte. O sea, que no dependen de deidades que los protejan. Míreme a mí, nunca me ha pasado nada y jamás hago ninguna especie de cábala.

– De acuerdo, creo que tienes razón. Sigamos adelante con el plan de vuelo.

Ovando encendió las turbinas y despegó. Los instrumentos de navegación de la aeronave comenzaron a fallar pasada una hora con seis minutos. Aun así es que no se asustó ya que el copiloto le comentó:

– Sé algo de astronomía, puedo ubicarme fácilmente con sólo mirar las estrellas. Es más, conozco un atajo para llegar más pronto a nuestro destino. Sobre todo porque veo que las nubes se comienzan a nublarse y con seguridad caerá una fuerte tormenta.

– Tú diriges muchacho. Respondió el capitán.

Ovando siguió las instrucciones de su subalterno hasta que reconoció que la ruta hacia la cual se dirigía era al Peñasco del Diablo (Algo así como el Triángulo de las Bermudas).

– ¡Hay que salir de aquí lo más pronto posible! El avión no resistirá la fuerza de las corrientes de aire. Dijo Artemio, quien al girarse hacia su lado derecho vio cómo el copiloto se había transformado en un espectro de baja estatura y de tono violeta.

Utilizando sugestión mental, la siniestra aparición hizo que el piloto dirigiera la nave en picada, con lo cual el artefacto se hizo pedazos al estrellarse de lleno con el agua.

Los cuerpos de rescate sólo lograron recuperar una porción lateral del avión. Lo excepcional del descubrimiento fue que el número grabado en la lámina había cambiado, ya no era el 696, sino el 666.


sábado, 9 de septiembre de 2017

Leyenda del niño de la pelota



Se cuenta que ubicado en Av. López Mateos del estado en Aguascalientes, México, hay un edificio de oficinas, donde habitualmente algunos empleados salen un poco más tarde de lo acostumbrado. En esa ocasión una chica había abordado el ascensor y un hombre apresurándose a poca distancia le pidió que esperara por él.

Amablemente la chica se paró entre las puertas para evitar que estas se cerraran. El hombre abordó, y mientras se daban las buenas noches, notaron que el ascensor subía.

El hecho les pareció un poco extraño, pues se suponía que estaba programado para no ir más allá de ese piso, pues el de arriba se encontraba clausurado y nadie trabajaba ahí.

El ascensor se detuvo en el cuarto piso, pero las puertas no se abrieron por lo que pensaron que había sido un fallo temporal, pero alcanzaron a escuchar las risas de un niño, que jugaba con una pelota. Sin darles tiempo de pensar nada, el elevador bajó, al salir vieron al velador y le comentaron lo sucedido.

El hombre muy tranquilamente les dice que también lo ha escuchado, que se trata del espíritu de un niño que falleció ahí años atrás, cuando su pelota fue a parar al cuarto piso, el chico fue por ella y al ver que se acercaba un guardia, se escondió para hacerle una broma, pero al momento que el niño salió gritando, el guardia le disparó pensando que era un ladrón.

Desde entonces el niño juega tranquilamente en el cuarto piso, quien se queda hasta tarde puede escuchar las risas, los pasos, los golpes de la pelota contra el piso.

Otros sin tanta fortuna han visto la pelota bajar por la escalera cuando al niño se le cae desde el piso de arriba, esta tiene marcadas con quemaduras las pequeñas manos del niño… después de esto la gente renuncia a su empleo, pues se sabe que detrás de una pelota… siempre viene un niño… y no les gustaría toparse con el pequeño fallecido.



martes, 29 de agosto de 2017

La novia fantasmal



Se dice que en uno de los poblados del sureste del país ocurre de vez en cuando un fenómeno muy extraño. Sucede que ciertos hombres que están comprometidos con sus novias, mueren sin motivo alguno a pocos días de que se celebre la boda.


Fue entonces cuando decidimos acudir a la biblioteca local para saber si en alguno de los libros, podíamos encontrar respuesta a esta extraña leyenda de terror.

Al poco tiempo de estar buscando, notamos que frecuentemente los fallecimientos ocurrían durante la primera quincena del mes de mayo. Luego fuimos con el sacerdote del pueblo y él nos contó que hacía muchos años, una hermosa joven estaba a punto de contraer matrimonio, cuando de entre los arbustos que se encontraban alrededor de la iglesia, salió una bala y le quitó la vida.

Hasta este momento del relato, bien pudieras pensar que eso no tiene nada que ver con la leyenda de terror en cuestión. Sin embargo, volviendo a observar los registros forenses, notamos que las víctimas actuales tenían anotado como causa de la muerte “orificio en el corazón”.

No obstante, el cadáver en cuestión no presentaba ningún balazo aparente. Obteniendo esa conclusión, nos entrevistamos con un espiritista, quien pudo conectarse con la supuesta alma de la novia.

Lamentablemente ya no contamos con la entrevista grabada, pues el casete se desapareció.

A pesar de eso, te puedo asegurar que la “novia” nos dijo que ella sólo mataba a los prometidos que habían sido infieles con sus parejas.

– “Pienso que ellos deben morir de la misma forma en que yo lo hice. Aunque la diferencia conmigo fue que era absolutamente inocente”.

– ¿Sabes quién te mató? Le pregunté con voz temblorosa.

– Sí. Fue mi novio, se escondió tras unos árboles y me disparó.

Inmediatamente después de escuchar las palabras, todo cobró sentido. Por eso, los muertos tenían un orificio en el corazón, únicamente que éste había sido provocado por un fantasma con sed de venganza.

viernes, 25 de agosto de 2017

El penitente de Ovruch



Esta leyenda, muy poco conocida por ser propia de la pequeña ciudad ucraniana de Ovruch, es una de esas leyendas tan jóvenes (surgió a finales de los noventa) que recién acaban de superar el ámbito del rumor urbano.

Cuentan en Ovruch que existe un espectro, un fantasma que algunos han visto penando de madrugada, siempre alrededor de una iglesia, siempre en noches donde la soledad ha impregnado los alrededores del sitio en que se ha aparecido. Dicen que tiene dedos anormalmente largos, que viste de negro y que tiene un rostro que evidencia juventud pese a su monstruoso aspecto: cara aplanada, boca anormalmente alargada y amplia, un ojo más grande que el otro y el cráneo deforme, terminado en una puntuda protuberancia sobre la que cuelga su larga y despeinada cabellera rubia.

Todos los que lo han visto han relatado que caminaba y caminaba alrededor de la iglesia en que se aparecía, que a veces se detenía, se arrodillaba y lanzaba unos gritos escalofriantes pues tenía una voz carrasposa, grave; pero, sobre todo, empañada por una angustia que hacía pensar en los torturados del infierno y matizada por “un algo” indescriptible que denotaba un odio salvaje y abismal, difícil de encontrar incluso en la peor escoria criminal.

Pero lo más curioso de todo es que jamás ha sido visto antes de la una de la madrugada y que siempre, en todas sus apariciones, no ha habido nadie o prácticamente nadie cerca de la iglesia elegida. Es como si no quisiera ser visto, como si evitara dar a conocer su identidad. Además se cree que sólo se manifiesta cuando no hay luna.

Quienes han tenido el valor de acercársele han contado que el espectro salía de su abstracción (todos dicen que siempre estaba como absorto en sus pensamientos), que se volteaba, rugía potentemente, se tiraba al suelo delante del testigo, miraba hacia arriba con gesto agonizante y, después de que sus ojos se volvían completamente negros, su cuerpo translúcido se llenaba de fuego y el espectro desaparecía entre alaridos de dolor…

Su oscuro origen

Nada cierto se sabe sobre cómo empezó todo; no obstante, no más de cinco años tuvieron que pasar desde el inicio de las apariciones para que una versión sobre su origen se hiciera conocida y terminase siendo aceptada como real.

Nota introductoria para entender el supuesto origen de la leyenda: En 1986 se dio la famosa tragedia de la central nuclear de Chernóbil. Fue el accidente nuclear más grave de la historia: Prípiat y Chernóbil se convirtieron en ciudades fantasmas, 172 pueblos fueron desalojados y unas 90.000 personas tuvieron que ser redistribuidas por toda Ucrania. Se declaró entonces una zona de exclusión, unas zonas con control permanente y otras con control periódico, todo dentro del área afectada por la radiación, área en la cual ciertas localidades, tales como Ovruch, no fueron lo suficientemente afectadas como para ser desalojadas o sometidas a controles.

Origen de la leyenda: Inmediatamente después de la tragedia de Chernóbil, unas cuantas familias emigraron a Ovruch en busca de una nueva vida. No obstante, cuentan que a inicios de los noventa una viuda madre de cinco hijos llegó tras ser haber sido expulsada de Prípiat, una ciudad fantasma que fue declarada parte de la zona de exclusión que el gobierno soviético (en ese entonces Ucrania era parte de la U.R.S.S.) decretó tras el desastre nuclear. En otras palabras, la mujer y sus hijos habían estado viviendo en Prípiat sin que los controles los detectaran, lo cual no es muy difícil de creer teniendo en cuenta que, incluso en la actualidad, existe la leyenda urbana de que en Prípiat vive gente…

Según dicen, al llegar a Ovruch la mujer y sus hijos fueron conducidos a la casa de un tío, donde llevaron una vida relativamente normal hasta lo ocurrido a comienzos de 1996. Sólo dos detalles hacían que su vida no fuera completamente normal: el primero, que nunca se vio salir a la calle al menor de los cinco hijos, únicamente se vio a los otros cuatro; el segundo, que de vez en cuando se escuchaban gritos de dolor provenientes de la casa.

Sin embargo, en cierta fría madrugada todos los vecinos del barrio se despertaron tras oír gritos en una casa. “¡Los odio, los odio!”, era lo único que todos recuerdan escuchar aparte de unos cuantos chillidos de angustia, las detonaciones de una escopeta y los “¡Estoy ardiendo!”, previos a la escena del joven envuelto en llamas que salió a revolcarse en la acera mientras su vida se apagaba.

Tras venir a la escena, la Policía encontró muerta a la madre, al tío y a los cuatro hermanos del joven que al parecer se había auto-incinerado. La Prensa no dio mucha importancia al asunto. Nadie supo con certeza el porqué, simplemente se especuló que había existido presión policial para que el suceso cayera en el olvido…

Algunos vecinos le habían dicho a la Policía que a veces habían oído gritos de dolor provenientes de la casa. Alguien incluso afirmó escuchar una vez lo siguiente: “¡Mi cuerpo se quema, todo es tu culpa, todo es tu culpa por quedarnos en Prípiat, vieja estúpida!”. No obstante, la Policía le restó importancia creyendo que era un simple individuo en busca de protagonismo. Con todo, lo último que se supo fue que, según los análisis forenses, no existía gasolina u otro compuesto que permitiese pensar que el joven se había suicidado auto-incinerándose: al parecer, era un extraño caso de “combustión espontánea” ligado a lo que los forenses catalogaron como “alteraciones genéticas”

Síntesis y explicación sobre la difusión del supuesto origen de la leyenda

En suma, la versión sobre el origen del espectro dice que él era el mismo joven que sufrió combustión espontánea ese día, que lo monstruoso de su cara se explicaba por alteraciones genéticas que sólo él (y no sus hermanos) desarrolló mientras vivió en Prípiat a espaldas del gobierno soviético, que había matado a su madre porque la culpaba de sus mutaciones y del ardor que sentía en su cuerpo, que mató al resto de la familia porque se sentía rechazado y había acumulado odio y, finalmente, que penaba cerca de iglesias porque estaba lleno de remordimiento y deseaba el perdón divino. 

Nadie ha explicado de forma suficientemente satisfactoria por qué el espíritu viste de negro. Unos dicen que está pagando el Purgatorio en la Tierra y que el atuendo negro le fue otorgado para representar la oscuridad de su alma; otros, menos fantasiosos, plantean que simplemente vestía de negro antes de quemarse. Lo cierto es que, con el paso del tiempo, la historia sobre el origen del fantasma se ha ido llenando de detalles e incluso ha llegado a figurar en ciertos foros virtuales de la web en ucraniano.

lunes, 21 de agosto de 2017

Los Gemelos Traviesos



Pedrito y Juanito eran inseparables, no en vano eran hermanos gemelos y estaban entre los pocos niños de su edad que quedaban en el pueblo. Hacia años que la gente había empezado a migrar a la ciudad y los pocos jóvenes que permanecían en el pueblo lo hacían más por apego a sus mayores que por un deseo real de quedarse. Los padres de Pedro y Juan no eran la excepción, más de una vez se habían planteado hacer las maletas y arriesgarse a empezar una nueva vida en la ciudad, alejados de la monotonía del campo y el pesado trabajo de arar y sembrar los cultivos. Pero la idea de que sus hijos se criaran entre coches, humo y los peligros propios de las grandes urbes les frenaban. Aunque claro, eso también tenía su contra, los niños prácticamente estaban solos y no tenían muchos amigos con los que jugar.

Los gemelos eran conocidos en todo el pueblo por sus travesuras, es normal a esa edad que los niños sean inquietos y más cuando se aburren por no tener amigos con los que correr y jugar, pero los pequeños no paraban con sus pillerías y muchos ancianos del pueblo ya estaban hartos de ellos. Incluso, más de uno le había dado una bofetada a alguno de los gemelos o había ido con el cuento a sus padres o al cura, quienes a su vez ya les habían pegado más de un tirón de orejas. Su curiosidad no tenía límites y aprovechaban cualquier despiste para colarse en la casa de un vecino o espiar por una ventana.

Como en todos los pueblos, en el que residían los niños había un viejo huraño, uno de esos abuelos cascarrabias y con mal carácter al que pocos echan de menos cuando muere. Ese era el caso de don Vicente, que cuando falleció a los 75 años de edad no dejó mas que una sensación de alivio entre sus vecinos. Ya había protagonizado alguna pelea por sus terrenos con familiares y propietarios de las zonas colindantes, así que la noticia de su muerte no tuvo demasiado impacto en el pueblo. Aunque por supuesto llegó a oídos de los gemelos, que no dudaron ni un segundo que tenían que ir a investigar.

Nunca habían visto un muerto y su curiosidad fue tan grande que decidieron colarse en la casa de don Vicente cuando todo el mundo había salido del velatorio. Lo de “todo el mundo” es más un decir que lo que pasó realmente, porque salvo un par de plañideras aficionadas a llorar sin motivo aparente en cada funeral que se celebraba en el pueblo (incluso cuando casi no conocían al fallecido), prácticamente no fue nadie a presentarle sus respetos a don Vicente. Tal era el abandono del cadáver del anciano que incluso faltando pocas horas para su funeral ni siquiera le habían metido dentro de su ataúd y aún descansaba sobre una mesa en mitad del salón de su casa.

Pedrito y Juanito encontraron la casa vacía y las condiciones idóneas para saciar su curiosidad y ver al muerto sin que nadie les moleste. Con una total falta de respeto lo manosearon, le intentaron abrir los ojos y la boca, le movieron los brazos como si fuera una marioneta y le imitaron mientras se reían de él, pero un ruido en la finca les alertó.

Corrieron hacia la salida, pero ya era demasiado tarde y, sin saber dónde ocultarse, se metieron en un pequeño armario que estaba tirado en mitad del suelo del recibidor.

La voz de dos hombres que reconocieron como el cura y un viejo herrero, con el que habían tenido problemas en el pasado, sonó acercándose al armario.

-¿Quién ha dejado esto aquí tirado? No se puede ni pasar al salón, ya me contarás cómo va a pasar la gente a presentar sus respetos a don Vicente- Dijo el cura

-Tampoco creo que fuera a venir nadie, don Vicente se ha labrado a pulso una reputación de maleducado durante años y no creo que le llore nadie en este pueblo.

-No hables así, el hombre ya está esperando el juicio de Dios que es el único que tiene el poder de juzgar sus actos- aseveró el cura.

Ambos trataron de levantar el atáud (los niños, mientras los hombres hablaban, se habían escondido dentro por miedo) y se dieron cuenta de que ya estaba lleno.

-¡Ves! aún quedan buenos samaritanos en el pueblo, alguien nos ha facilitado el trabajo y ha metido a don Vicente en su caja. Llevésmoslo a su descanso eterno.-dijo el cura.

Los niños escuchaban toda la conversación desde el interior del féretro, pero era tanto el miedo que tenían al cura y al herrero que no quisieron revelar que en realidad eran ellos los que estaban dentro y quisieron esperar el momento adecuado para escapar.

Nadie acudió al funeral de don Vicente, por lo que el cura, cansado de cargar con la caja y el supuesto muerto, decidió realizar una versión rápida de la misa y en cinco minutos ya había despachado la situación. Los niños, víctimas del calor y el aburrimiento, empezaban a sentirse muy cansados y casi sin darse cuenta se quedaron dormidos. No pasaron más de cuarenta minutos cuando un ruido en la tapa del ataúd les despertó. Paletadas de tierra caían sobre la caja que ya había sido sellada y ni las patadas ni los gritos de los gemelos parecieron alertar al anciano enterrador que era conocido en el pueblo por su sordera. Los niños quedaron enterrados vivos y nadie parecía haberse dado cuenta…

Los padres de Pedrito y Juanito se sorprendieron cuando estos no llegaron a la hora de la merienda, pero imaginaron que estarían demasido entretenidos jugando o que algún vecino del pueblo les había invitado a comer algo. Lo que ya les alarmó fue que anocheció y llegó la hora de la cena y no aparecían por ninguna parte. Entonces comenzaron a buscarles y preguntaron a todo el que se encontraban por las calles, pero nadie parecía haberles visto en todo el día. Asustados llamaron a la Guardia Civil y una pareja de agentes se acercó a coordinar las labores de búsqueda. La madre recordó la muerte de don Vicente y tuvo la intuición de que los niños probablemente fueran a curiosear, pero allí no encontraron más que el cadáver del anciano sobre la mesa del salón, los vecinos se alarmaron cuando encontraron al muerto aún sin enterrar y rápidamente llamaron al cura.

-¿Cómo que no está enterrado? Yo mismo le llevé al cementerio y tuve que darle una misa a la que ninguno de vosotros fue. -Eso es imposible, padre, don Vicente aún descansa sobre la mesa de su casa. -Pero el ataúd estaba lleno cuando lo enterramos, si no fue a él ¿A quién hemos sepultado?

La cara de miedo de la madre se reflejó al instante y, conociendo como conocía a sus hijos, intuyó que ellos eran capaces de haberse metido dentro del ataúd en una de sus travesuras.

Por más prisa que se daban en desenterrar el ataúd, el tiempo parecía eterno para los habitantes del pueblo. Era tradición allí enterrar lo más profundo que era posible los féretros, de esta forma se podían sepultar en una tumba a varios familiares y se evitaban olores que se podían convertir en insoportables al visitar el cementerio en los meses más calurosos. Por este motivo llevó varios minutos remover suficiente tierra como para poder abrir el ataúd.

Lo que encontraron allí dentro fue un espectáculo escalofriante. Los niños habían muerto asfixiados, pero no sin antes luchar por sus vidas intentando escapar. Se habían destrozado las uñas de las manos arañando la madera y sus pequeños cuerpecitos estaba cubiertos de sangre. En plena desesperación habían tratado de romper la caja a golpes y se habían lastimado entre ellos y, probablemente fruto de la misma desesperación, habían acabado peleándose como animales acorralados, de modo que podían verse marcas de mordiscos y arañazos en los cadáveres de los gemelos.

viernes, 18 de agosto de 2017

Leyenda de la casa de las rosas



La mayoría de las personas en la colonia “las Fuentes” y sus alrededores, estaban conscientes de que no debían poner un pie en aquella propiedad, pues aparte de tener cientos de letreros de advertencia por considerarse monumento histórico, la construcción era ruinosa y deplorable, muy lejano al majestuoso edificio que fue en sus épocas de gloria, cuando le habitaba una prestigiosa actriz.

La fachada colonia y ostentosa aún se notaba, sobre todo porque no hacia juego con el entorno, que había ido progresando con el paso de los años. Solo los más ancianos recordaban la trágica historia de la joven que vivió ahí, la cual contrajo matrimonio cuando se encontraba en la cumbre de su fama, pero ni tiempo tuvo de disfrutar pues su marido se suicidó durante la luna de miel y ella volvió triste a casa, para iniciar un encierro total hasta el día de su muerte.

Pero como es bien sabido, hay personas a quienes las advertencias les parecen retos, sobre todo a los jóvenes aburridos que rondaban por las cercanías, quienes se esforzaban por hacer apuestas, desafiándose unos a otros para entrar y robarse alguno de los carísimos objetos que según contaban aún quedaban dentro de la mansión.

Carlos era el nuevo chico en la calle, así que le obligaron a entrar en la antigua casa, a manera de iniciación, él no la había pisado jamás, así que le fue fácil perderse, pues en verdad aquello era un laberinto a punto de venirse abajo en cualquier momento. Buscaba impaciente la salida, cuando se topó con ella, una hermosa mujer de piel blanca, con una abundante melena negra brillante que resaltaba sobre un rojo vestido de gala. Su sonrisa era tan intensa que volvía a la vida aquellos muros a cada paso que daba, los escombros formaban maravillas, los pisos relucían, las paredes se llenaban de color, mientras una dulce tonada de piano sonaba en el fondo.

Tan absorto estaba el chico en la belleza de aquella joven que se olvidó de la realidad, solamente caminaba detrás de ella, perdido en sus encantos, ignorando el grito de sus compañeros, que a través de las ventanas le pedían regresar. Ellos no podían ver a la hermosa mujer, solo a su nuevo vecino caminando hechizado entre los escombros, desconectado del mundo…sabían que algo iba mal, se desagarraban la garganta llamándole, hasta quedar sin aire en los pulmones, pero era inútil, estaba atrapado en los recuerdos de aquella torturada alma que no podía descansar en paz, añorando a su amado, al cual por desgracia, Carlos se parecía demasiado.

Ese era el destino del chico, como si el espectro de la actriz lo hubiese llamado desde lejos, para venir a sustituir un amor perdido, y darle vida a muerto, pues desde aquel día, los jardines de la mansión florecieron, se llenaron de rosas, coloridas y hermosas. Las risas de una pareja feliz inundaron el lugar, aquellos que se atrevieron a mirar, dijeron haber visto al pobre Carlos consumiéndose en los brazos de aquel espectro, que le robaba la vida de a poco; pero él siempre sonrió. Incluso en el momento que la actriz le succionó el espíritu de aquella defraudada cascara humana, el parecía muy feliz de haberse liberado de aquella carga, para poder disfrutar a rienda suelta un romance con la mujer de rojo, ahora que pertenecía a su mundo.

Ahora las cosas han cambiado, nadie se acerca a la casa de las rosas porque se habla de una pareja de espectros, que bailan y ríen a rienda suelta todas las noches.