lunes, 3 de abril de 2017

Cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York



La ciudad de Nueva York cuenta con 10.500 Kilómetros de canalizaciones, que van desde cañerías de 10 centímetros hasta conducciones tan grandes como un pequeño auditorio. Algunos afirman haber vistos cocodrilos (o caimanes, según algunas versiones) habitando en sus alcantarillas.

Todos sabemos que se trata de una leyenda urbana. Pero, ¿Cómo y de dónde surge?

Nace la leyenda

Al parecer, todo comenzó en la década de los 30 del pasado siglo. Las familias adineradas de Nueva York que pasaban sus vacaciones en Florida, compraban crías de caimán como mascotas para sus hijos.


A medida que iban creciendo, la peligrosidad y el coste de mantenimiento de estos animales aumentaba considerablemente. Para librarse de ellos, sus dueños decidían arrojarlos por el inodoro. Según la creencia popular, muchas de estas criaturas lograron sobrevivir y reproducirse en el gigantesco sistema de alcantarillado de Nueva York.


Tras varias generaciones, los caimanes supervivientes mutaron y perdieron su visión así como su pigmentación, convirtiéndose en seres ciegos y albinos que reinaban las profundidades de la ciudad. Según la leyenda, algunos indigentes que se refugiaban en las alcantarillas e incluso algún operario municipal encargado del mantenimiento de las mismas habían fallecido devorados por estas “bestias”.


El origen de la leyenda

Las primeras referencias a la existencia de cocodrilos o caimanes en la alcantarillas de Nueva York surgen en 1959. Ese año, se publica el libro `The World Beneath the City´ (El Mundo bajo la ciudad), escrito por Robert Daley. En uno de sus capítulos (”Los caimanes en las cloacas“), se incluye una entrevista con un tal Eduard P. Mayo, presunto responsable de las alcantarillas de Nueva York en aquella época. Mayo aseguraba que caimanes de hasta sesenta centímetros habitaron las alcantarillas de la ciudad hasta 1937, año en el que fueron exterminados.


Al parecer, este personaje existió realmente. Era un empleado público que con el tiempo llego a capataz. Era una persona extrovertida y con muchos amigos. Pero, y aquí está la clave, era famoso por su habilidad como fabulista e inventor de historias.


La leyenda se caía por su propio peso pues ningún caimán o cocodrilo podría sobrevivir a las bajas temperaturas del invierno de Nueva York. Los saurios son animales de climas tropicales, con temperaturas suaves, siempre por encima de cero grados. 


En cambio, el invierno neoyorquino se caracteriza por olas de frío, temperaturas bajo cero y grandes nevadas. Además, las bacterias que pueblan las alcantarillas les causarían enfermedades que acabarían con sus vidas.



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