lunes, 25 de julio de 2016

La historia de Hugh Glass




Sin lugar a dudas, la historia de Hugh Glass es uno de los relatos más espectaculares de la supervivencia en la historia americana, tanto, que el hombre se convirtió en toda una leyenda en su propio tiempo. Pese a que la historia es bastante conocida, poco se sabe sobre la vida y obra del protagonista.



Hugh Glass habría sido un antiguo pirata que dejó la vida en el mar y viajó por el oeste americano como explorador y peletero. Su edad también se desconoce, pero se cree que nació en Filadelfia en torno al año 1780.


La aventura más famosa de Glass comenzó en 1822, cuando respondió a un anuncio del Missouri Gazette and Public Adviser, publicado por el general William Ashley, que solicitaba a un grupo de 100 hombres para “subir por el río Missouri” como parte de una campaña para el comercio de pieles. 


Estos hombres más tarde pasarían a ser conocidos como “The Ashley Hundred” (“Los 100 de Ashley”). Además de Glass, otros hombres dignos de mención que se enlistaron al emprendimiento fueron: Thomas Fitzpatrick (un cazador), David Jackson, Jim Beckwourth, William Sublette, John Fitzgerald, Jim Bridger y Jedediah Smith.


En el comienzo de la jornada, Hugh Glass se consolidó como un experimentado cazador de pieles. Aparentemente fue herido en este periodo, en una batalla contra indios Arikaras y más tarde viajó con un grupo de 13 hombres para verse con los comerciantes en Fort Henry, situado en la desembocadura del río Yellowstone. Esta expedición, comandada por Andrew Henry, tenía el objetivo de seguir por el Missouri, hasta el valle de Río Grande (actual Dakota del Sur), y entonces cruzar al otro lado del valle del río Yellowstone.


El mes de agosto de 1823, en las proximidades de la bifurcación de Río Grande, afluente del río Missouri, donde actualmente se sitúa la región de Perkins County, Hugh Glass fue sorprendido por un oso y sus dos cachorros, mientras caminaba solo delante del grupo. El oso se arrojó sobre Glass y lo tiró al suelo antes de que pudiera disparar su rifle. Valiéndose apenas de un cuchillo, Glass luchó contra el oso en el suelo y lo mató, pero durante la pelea fue herido de gravedad.


Sus compañeros escucharon los gritos, y al llegar al lugar encontraron a un Hugh Glass seriamente herido y ensangrentado, pero todavía con vida, con el cuerpo del oso muerto sobre él. Dispararon a la cabeza del oso y solo entonces removieron el cuerpo mutilado de Glass. Le vendaron las heridas y lo mejor que podían esperar de aquella situación era la muerte. El grupo tenía prisa por llegar a Yellowstone, por lo que Andrew Henry designó a dos voluntarios, John Fitzgerald y Jim Bridger, para que se quedaran con Hugh hasta que muriera y después lo sepultaran. Inmediatamente el par comenzó a cavar una tumba. Pero transcurridos tres días, Glass aún estaba con vida, por lo que Fitzgerald y Bridger entraron en desesperación, pues habían divisado a una banda de indios hostiles aproximándose al lugar.


Abandonado para morir.

Los hombres se llevaron el rifle, el cuchillo y otros objetos de Glass y lo arrojaron a la tumba que habían cavado con anterioridad. Tendieron la piel del oso encima de él, algunas hojas y un poco de basura, después lo abandonaron para morir. Sin embargo, pese a las circunstancias, Glass se mantuvo con vida. Después de un tiempo recobró la conciencia y se vio en una situación crítica. Estaba solo, desarmando y en tierra de indios hostiles. Una de sus piernas estaba rota y sus heridas infectadas. Su cuero cabelludo casi fue arrancado por completo y la piel y carne de su espalda habían sido arrancadas de tal forma, que podían verse las costillas expuestas. La ayuda más próxima se encontraba a 320 kilómetros de distancia, en el Fuerte Kiowa. Su única protección era la tumba y la piel del oso.


El viaje hasta el Fuerte Kiowa.

Glass aseguró su pierna rota, se cubrió con la piel del oso que sus compañeros le habían dejado como mortaja, y el 9 de septiembre de 1823 empezó a arrastrarse en dirección al sur hacía el Río Cheyenne, a unos 100 km de su ubicación. La fiebre y las infecciones lo afligían frecuentemente, a veces dejándolo inconsciente. Cierta ocasión, cuando despertó de un desmayo, se encontró con un enorme oso sobre él. Según la leyenda, el animal lamió sus heridas ya infectadas de larvas y se fue. Estas lamidas ciertamente le evitaron a Glass nuevas infecciones.


Sobrevivió al viaje alimentándose de frutos silvestres y raíces, y en cierta ocasión, tuvo la valentía de enfrentar a dos lobos por el cadáver de un bisonte. Glass derrotó a los lobos y se alimentó de la carne cruda del bisonte. Según la versión del propio Glass, lo único que lo impulsaba era la venganza. La única cosa que lo hacía seguir adelante era el deseo de matar a los hombres que lo habían abandonado para morir.


Le tomaría a Glass un mes y medio llegar hasta el Río Cheyenne. Cuando alcanzó su objetivo construyó una balsa rudimentaria a partir de un árbol caído, y descendió por el río permitiendo que la corriente lo llevara al Missouri. Durante el trayecto, nativos amigables le ofrecieron ayuda cubriendo sus heridas expuestas en la espalda con la piel del oso, alimentándolo y proporcionándole un par de armas para que se defendiera. Eventualmente, Glass llegó a la seguridad del Fuerte Kiowa.


Conclusión.

Una vez que recuperó la salud (lo que le llevaría varios meses), Glass salió a buscar venganza con los hombres que lo habían dejado a su suerte. Glass encontró al joven Bridger la noche del 31 de diciembre de 1823, cuando el grupo del mayor Henry celebraba la llegada del año nuevo al interior de Fort Henry. Glass entró con pasos firmes al salón donde los hombres se divertían. Se hizo un silencio mortal, y entonces encaró al hombre que había perseguido por casi 1,500 km.


“Soy Glass, Bridger… el hombre que abandonaste para morir… y a quien le robaste las cosas que pudieron ayudarlo a sobrevivir, solo y herido, en las planicies. Volví porqué juré que te mataría”



Bridger tenía el aspecto de un hombre listo para morir y penar en el infierno por su pecado mortal. No tenía nada que decir. Adquirió una apariencia patética y parecía extrañamente infantil. Glass vaciló: “Estás avergonzado y arrepentido”, dijo. “Creo que te habrías quedado conmigo si Fitzgerald no te hubiera convencido. No tengas miedo de mí. Te perdono. No eres más que un niño”.


Glass se sintió más aliviado por haber despejado aquellas palabras. Se sentó, alguien le pasó un vaso con whisky y minutos después Bridger se desmayó, se sintió enfermo de culpa y vergüenza. Lo habían perdonado por qué no era más que un niño. Hubiera preferido que lo mataran. Bridger, que murió en 1881, se convertiría en uno de los cazadores de pieles más famosos de las montañas, comerciando desde Nuevo México hasta la frontera con Canadá. Se cree que fue el primer hombre blanco en ver el Gran Lago Salado, y los caminos que abrió mientras buscaba pieles serían de un inmenso valor para los colonos que llegaron después.


Pasados otros seis meses y 1,500 km, Glass encontró a John Fitzgerald. Lo localizó en Fort Atkinson, en Council Bluffs. Desgraciadamente, Fitzgerald ahora pertenecía al Ejército de los Estados Unidos, y asesinarlo significaba firmar su propia sentencia de muerte. Glass llegó como un huracán a la oficina del capitán Riley, exigía justicia. El oficial llamó a Fitzgerald. Finalmente allí estaba el enemigo, arrepentido como deseaba Glass. Pensó que era curioso no poder odiarlo tanto como hubiera deseado.


“Escapaste y me dejaste moribundo”, acusó Glass. “Tuviste miedo y huiste; además robaste las cosas que me ayudarían a vivir. Creó que hay algo en lo que tienes que pensar el resto de tu vida”.


Riley ordenó a Fitzgerald que saliera y le hizo una propuesta a Glass. Si se iba, Riley le regresaría su arma y otras pertenencias y le suministraría todo lo necesario para volver a empezar. Glass aceptó.


Durante nueve años, Glass cazó en los ríos del suroeste norteamericano y en la región de Yellowstone. En 1833, los indios los mataron y lo despellejaron. Sin embargo, Glass ya se había convertido en un personaje legendario. Rehusándose a morir, había demostrado capacidad, resistencia y una valentía increíble. Sobrevivió a su desgracia y todavía hoy vive como leyenda en los Estados Unidos. Un monumento en homenaje a Hugh Glass fue levantado cerca del sitio donde se enfrentó al oso, en la costa sur del Shadehill Reservoir, en Dakota del Sur. La historia de Hugh Glass fue retratada en la película de 1971 “A Man in the Wilderness”, protagonizada por Richard Harris. “The Revenant” es otra película dirigida por Alejandro González Iñárritu y protagonizada por Leonardo DiCaprio que contará la historia de esta leyenda.



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