miércoles, 20 de julio de 2016

Lemuria: el Continente Perdido en el Mar



Si hablamos de continente perdido, el primero que a la gran mayoría le viene a la cabeza es Atlántida, el legendario continente desaparecido en el fondo del mar del que se hizo eco en sus escritos el filósofo griego Platón. 


Pero lo cierto es que en diferentes cuturas han existido otros continentes perdidos, estando entre los más conocidos Mu, el continente que se cree que los Mayas situaron en el Océano Pacífico. Pero de todos estos continentes desaparecidos, sólo uno fue nombrado a partir de una hipótesis científica: Lemuria.


En 1860, William Thomas Blanford, un geólogo y naturalista inglés, encontró similitudes entre los tipos de rocas presentes en el Sur de África y en el Sur de la India. Las rocas correspondientes al Pérmico eran prácticamente idénticas en ambos continentes alejados por más de de 5.000 km. Después de mucho pensar al respecto, teorizó sobre la posible existencia de un desaparecido puente de Tierra que uniera ambos continentes. 


Por aquellas fechas, el biólogo darwinista Ernst Heinrich Häckel andaba buscando una explicación a la presencia de lémures de similares características tanto en Madagascar como en Asia. Al enterarse de la teoría de Blanford, la tomó como explicación de cómo dos especies tan similares evolutivamente estaban tan lejos en el espacio. 


Cuatro años más tarde de la primera teoría de Blanford, el zoólogo Philip Lutley Sclater sugirió el nombre de Lemuria para este hipotético puente de tierra entre ambos continentes, nombre que mantuvo durante el paso de los años.


La teoría de Blanford, Häckel y Sclater explicaba como este puente de tierra habría sido un antiguo continente que por los efectos de terremotos y otros desastres naturales había terminado sumergido bajo las aguas de los océanos. 


Con ello conseguían explicar las similitudes geológicas, así como teorizaban sobre la un antecesor de los lémures de Madagascar y Asia que habría poblado este continente perdido, manteniendo como válida la Teoría de la Evolución de Darwin.


Con el comienzo del siglo XX, Alfred Wegener habló por primera vez de la posible existencia de un antiguo supercontinente, Pangea. Pocos años más tarde se propuso la teoría de expansión del fondo oceánico, lo que unido a la existencia de Pangea terminaría desembocando en la Teoría de Placas Tectónicas. Esta teoría sería rápidamente aceptada por la comunidad científica a finales de la década de los 50 y comienzos de la década de los 60, con lo que Lemuria caía en el olvido para la ciencia.


Y en el olvido se habría mantenido Lemuria de no ser porque para entonces, el misticismo que se había creado en la India en torno a este supuesto continente provocó que aún a día de hoy se siga teorizando sobre él. En 1875 (tan sólo 15 años después de la propuesta de Blanford), Madame Blavatsky reveló el libro de Dzyan, en el cuál había gran cantidad de nuevos mitos supuestamente rescatados de los anales de la historia:


En Kumari Kandam (el nombre que recibía Lemuria en los escritos) habitaron unos humanoides hermafroditas de entre 3 y 4 metros de altura, algunos de los cuales eran patizambos, tenían cuatro brazos, e incluso ojos en la espalda. Los dinosaurios coexistieron con estos humanoides, y fueron tratados como sus mascotas. 


Cuando los lemurios (por ponerles un nombre) descubrieron el sexo su destino fue fatal. El continente se hundió en las olas de un mar embravecido, dejando descendientes a ambos lados del continente.


Por supuesto, toda mitología ha ido reforzándose con el paso de los años con cualquier avance de la ciencia aplicable, e incluso cada vez son más los que identifican a este continente con Mu, el continente perdido de los Mayas, situándolo en el Océano Pacífico, con el único fin de dar sentido a un continente que la ciencia creó para intentar explicar la evolución, y que resultó no ser la respuesta correcta.





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