sábado, 5 de marzo de 2016

Esferas de Piedra de Costa Rica



Fue durante los años cuarenta, cuando una compañía bananera norteamericana comenzó su explotación en el delta del Diquis, al sur oeste de Costa Rica, cuando al iniciar las labores de limpieza del bosque, preparándolo para el cultivo, se descubrieron unas imponentes piedras rocosas de distintos tamaños y con forma esférica.


LOS TAMAÑOS

Son de tamaño variable. Las más pequeñas tienen sólo unos pocos centímetros de diámetro y las esferas más grandes llegan a tener un diámetro superior a los dos metros, llegando a pesar estas últimas hasta 16 toneladas. Están construidas en piedras de granito Andesita y roca sedimentaria. Se cree que las piedras fueron transportadas por el río, desde muchos kilómetros de distancia, hasta su localización actual, puesto que estos tipos de piedra no se han hallado en la zona del delta del Diquis. Aunque la mayoría de las esferas se encuentran en enclaves arqueológicos precolombinos, no hay forma de saber si fueron realizadas por estos o por alguna otra cultura anterior a esta.


LAS INVESTIGACIONES

Inmediatamente después de su descubrimiento, la arqueóloga Doris Stone, realizó una serie de investigaciones que resultaron vanas al no poder datar la antigüedad de las piedras, con qué herramientas fueron tan perfectamente realizadas y tampoco el origen de estas. Posteriormente, Samuel K. Lothrop, experto en civilizaciones indígenas y arqueólogo, se propuso desvelar el enigma de estas piedras esféricas, pero no pudo formular ninguna teoría concluyente. Más recientemente, grupos de arqueólogos han investigado con métodos más modernos las esferas de Diquis, llegando a la conclusión de que estas se comenzaron a realizar hace unos 3.000 años.


LAS TEORÍAS

Las antiguas leyendas decían, que en su interior se escondían piedras preciosas y oro, siendo esto el final de muchas de las piedras debido a que mucha gente se dedicó a buscarlas y destruirlas, no hallando ningún tesoro en su interior. Las teorías en torno a las esferas de piedra, al igual que otras que giran alrededor de otros antiguos enigmas de los que no se tiene conocimiento de sus orígenes, son muchas y variadas.


Algunos arqueólogos piensan que las piedras fueron creadas por la antigua y bélica tribu de los CHIBCHA, utilizando prisioneros de guerra como esclavos para trabajar las piedras, utilizándolas como símbolo de poder entre grupos y que el tamaño de las esferas iba relacionado con el status de cada pueblo. También existe la teoría de la representación astronómica. En dicha hipótesis (divulgada por el investigador Michael O'Reilly) se identifica a las piedras como posibles cartas celestes con una finalidad ceremonial o a modo de calendario orientativo.


En 1979 se encontró una de estas piedras en Guayabo de Turrialba (Provincia de Cartago), la cual pudo haber tenido la función de calendario de precisión y que junto al uso de objetos astronómicos de poca magnitud, daba detalles de fechas como los solsticios, el día más largo del año y la duración de la época de lluvias.


Esta teoría se basaba en fundamentos lógicos, fruto de un estudio serio, aunque carecía de contexto. Otra teoría nada convencional, realizada por el antropólogo estonio Iván Zapp en su libro: "La Atlántida en América", afirma que las piedras podían ser originarias de la Atlántida, isla continente desaparecida hace 12.000 años, y aunque las autoridades arqueológicas de Costa Rica no están muy de acuerdo con esta teoría, el International Biographical Centre, mencionó a Zapp, como uno de los científicos más connotados del siglo XX.


Iván Zapp descubrió con la ayuda de Carlos Araya (Comandante de las Líneas Aéreas de Costa Rica) y un atlas, normal al principio y de Mercator (Atlas que tiene en cuenta la curvatura de la Tierra) posteriormente, que las esferas tal y donde estaban situadas cuando se descubrieron, señalaban a distintas direcciones, igual que si fueran mapas a gran escala.


Uno de los alineamientos desenterrados por los arqueólogos, mostraba el trayecto en línea recta que conduce hasta la Isla del Coco, después a las islas Galápagos y finalmente hasta la Isla de Pascua (ver nuestra Sección "La Isla de Pascua"). Un segundo grupo de rocas, apuntaban a las islas de Jamaica, Cuba y Bermudas. Mientras que otras estaban orientadas hacia Giza, en Egipto y a Stonehenge en Inglaterra. Confirmando de este modo, que se trataba de rutas hacia otros lugares del planeta.


Las teorías más extravagantes, hablan de la posibilidad de que las piedras esféricas fueran realizadas por seres provenientes de otros planetas y estas fueran el legado de su visita.


Después de todos estos años, las mismas preguntas que se realizaron en su descubrimiento, siguen vigentes aun.


Las extravagantes teorías sobre el origen de las misteriosas esferas de Costa Rica


Las monumentales esferas de piedra de Costa Rica "son la prueba" de que la Atlántida, la mítica isla-continente descrita por el filósofo griego Platón, estuvo en América.


Esta teoría, apuntalada por los antropólogos Ivar Zapp y George Erikson, es una de las muchas que tratan de explicar el origen y la función de los restos precolombinos que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) acaba de incluir en la Lista del Patrimonio de la Humanidad.


Según Zapp y Erikson, las cerca de 200 esferas de entre 0,7 y 2,57 metros de diámetro encontradas hasta la fecha son la evidencia de que en el delta del Diquís, al suroeste del país, se asentó una sofisticada civilización marítima. En su investigación La Atlántida en América explican que ésta desarrolló una escuela de navegación, para la cual las piedras esféricas constituían un importante instrumento. Gracias a ellas, los marineros podían orientarse y conocer las rutas del mar.


De hecho, basados en la alineación de algunas esferas, los antropólogos afirman que éstas señalaban otros sitios megalíticos, como las Columnas de Hércules (Gibraltar), las pirámides de Egipto, Stonehenge (Inglaterra) y la Isla de Pascua. Y sugieren así que los supuestos atlantes tuvieron relación con otras civilizaciones más allá de su continente.


Balas y tesoros

Pero esta no es la más extravagantes de las teorías sobre estas piedras perfectamente redondas de hasta 16 toneladas. Según la cosmogonía bribri -uno de los grupos étnicos más numerosos de Costa Rica- compartida por cabécares y otras etnias ancestrales de América, el dios del trueno Tara lanzaba estas esferas de piedra a los serkes (dioses de los vientos y los huracanes), con la ayuda de una inmensa cerbatana, para alejarlos de esas tierras.


Otras creencias, como la que aseguraba que las esferas guardaban oro y piedras preciosas en su interior, llevaron a la destrucción de muchas de ellas.


Hasta hay quien afirma que fueron los extraterrestres quienes las pusieron en la región costarricense, argumentando que el material del que están hechas, granito, roca sedimentaria y andesita, no se encuentra en el delta del Diquís. Técnicas ancestrales


Obviamente "son creencias basadas en la especulación", dice John Hoopes, antropólogo designado por la Unesco para evaluar si las esferas ameritaban ser sujetas a protección.


Frente a eso, el profesor de antropología de la Universidad de Kansas (EE.UU.) indicó a BBC Mundo cuál es la explicación con más sustento.


Según Hoopes, hay que buscar el origen de las esferas en las ancestrales técnicas de pulido inspiradas en la erosión natural de las piedras. "Aunque esta teoría aún no ha sido totalmente articulada y la evidencia que la apoyaría sigue siendo circunstancial", aclaró, cauto. "Los indígenas observaron cómo las fuerzas de la naturaleza pulieron las rocas y quisieron emularlo con sus técnicas". Con el tiempo y la práctica, esto derivó en formas tan perfectas como las de las esferas del Diquís.


Los indígenas observaron cómo las fuerzas de la naturaleza pulieron las rocas, y quisieron emularlo con sus técnicas John Hoopes, antropólogo designado por la Unesco


Hoopes apoya la teoría de que señalan el lugar en el que se encontraba una residencia, probablemente de miembros de la alta sociedad de la época. Según el antropólogo, existen evidencias de ello en la Finca 6, uno de los cuatro yacimientos en los que se han encontrado las esferas. Y cree que comenzaron a usarse en torno al año 500 a.C., "en tiempos en los que la organización de las sociedades indígenas se tornó compleja y sofisticada".


Christian Kandler insistió también en esa idea de la organización social sofisticada, en conversación con BBC Mundo. "La investigación arqueológica de todos estos años ha permitido determinar que las esferas son un producto cultural de una sociedad muy compleja, una cultura refinada y muy jerarquizada", explicó por teléfono su último día como director del Museo Nacional de Costa Rica.


Y remarcó que el reconocimiento de la Unesco abarca no solo las esferas de piedra, sino las sociedades que las produjeron. Éste, además, llegó tras más de 10 años de investigación y de varias candidaturas presentadas ante el organismo de la ONU, dijo.


Descubrimiento

La existencia de las esferas de piedra se conoce desde 1939, cuando la compañía bananera estadounidense Standard Fruit Company empezó a deforestar el delta del Diquís para cultivar plátano.


La primera mención de ellas en un texto científico es de 1943. Se trata de un artículo de la arqueóloga Doris Stone publicado en la revista American Antiquity. Éste atrajo la atención de Samuel Kirkland Lothrop, del Peabody Museum y la Universidad de Harvard (EE.UU.). Y unos años después, en 1963, incluyó en el libro Archaeology of the Diquís Delta. Costa Rica, 1963 las investigaciones realizadas en ese territorio.


Desde 1970, las autoridades costarricenses protegen las piedras precolombinas y sus emplazamientos. Y en este sentido, la declaración de la Unesco adquiere mayor relevancia, en vista de dos proyectos que, de desarrollarse, podrían generar daños en los asentamientos.

Muchas piedras similares a esta fueron destruidas en los últimos siglos, porque se sospechaba que guardaban tesoros antiguos

Protección y divulgación


"Batambal -uno de los cuatro asentamientos- está ubicado cerca de zonas residenciales y el desarrollo urbano futuro podría tener un impacto negativo en él, además de los proyectos de la presa hidroeléctrica de Diquís y del aeropuerto internacional del sur que están siendo discutidos", reza la declaratoria.

El proyecto de la presa lleva tres años paralizado y el fallo de la Unesco obliga al gobierno a replanteárselo, según declaró la ministra de cultura costarricense Elizabeth Fonseca la semana pasada.


Pero más allá de la protección, en lo que sin duda ayudará la decisión será en la divulgación, cree el exdirector del Museo Nacional. "La consecuencia inmediata será el turismo cultural", dijo a BBC Mundo, "pero también ayudará a profundizar en el conocimiento del legado prehispánico, de nuestro pasado e identidad". Y a arrojar luz sobre los mitos.

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