lunes, 5 de octubre de 2015

Tsukumogami, objetos fantasmas japoneses



La sensacional cultura japonesa también posee extraordinarios mitos o leyendas cuando se refiere al mundo de lo paranormal o lo sobrenatural, algo que claramente podemos observar cuando se habla de los Tsukumogami.


En Japón se tiene la idea de que aquellos objetos que cumplen cien años automáticamente se convierten en espíritus -del objeto, claro- pero igual de atemorizante que el de una persona.


Estas criaturas sobrenaturales de la mitología japonesa, aún son motivo de temor dentro de una sociedad actual y moderna como lo es hoy es país asiático, y aseguran que éstas cobran vida y hasta conciencia de todo.


Según la forma y la función del objeto, éste cobrará distintas apariencias, pero en su gran mayoría de corte perturbador y atemorizante, aunque hay otras que toman incluso la forma de rostros agradables y simpáticos que enternecen a la gente.


Se dice que la mayoría de los tsukumogami son inofensivos y que lo único que hacen es molestar con bromas a sus víctimas, pero se dice que estallan en ira cuando alguien los arroja a la basura por considerarlos viejos o en desuso.


Es por ello, que aún hoy en día, los japoneses tienen mucho respeto cuando se trata de deshacerse de algún objeto antiguo, ya que suponen que los tsukumogami pueden vengarse de ellos si es que luego de tantos años de servicio son arrojados sin miramientos como desperdicios.


Entre los tsukumogami más conocidos tenemos a aquellos que antes fueron paraguas y ahora se hacen llamar ‘karakasa’, y también están los ‘zorigami’ que antes fueron relojes, o los ‘bakerozi’ que en su vida anterior eran sandalias de paja.


Otros objetos fantasmales toman sus formas a partir de las lámparas, los jarrones, las teteras, mosquiteros y papeles o documentos antiguos.


Literalmente "artefacto espíritu", los tsukumogami son un tipo de yokas o espíritus demonio que comprenden a los objetos inanimados que adquieren vida propia cuando alcanzan 100 años de antigüedad.


Existen muchas de estas criaturas en el folclore japones, llegando a conformar una suerte de clasificación: los tsukumogami que son sandalias o calzado en general son llamados Bakezouri; los paraguas viejos reciben el nombre Karakasa; Kameosa son los jarros de sake; las teteras reciven el nombre de Morinji-no-okama; Ungaikyo es el nombre que se les da los espejos vivientes; Zorigami a los relojes; Furu-utsubo a los biwa (instrumento tradicional japones); mientras que las espadas con vida propia son llamadas simplemente Katanas.


El comportamiento de estos objetos varía según las funciones que cumplían antes de tener vida, siendo los cuchillos, espadas y armas en general los más peligrosos y agresivos al cumplir sus 100 años. En otras historias estos objetos ven condicionado su comportamiento por el trato que recivieron de sus dueños, siendo amables si los dueños los trataron bien o malvados si sufrieron malos tratos.


Origen

Si bien podemos encontrar historias y leyendas muy antiguas sobre estos personajes, aproximadamente desde el siglo X d.c., recién en el período Edo se les dieron los nombres anteriormente mencionados y se los tomo en consideración en las producciones artísticas de la época.


En el famoso "Tsukumogami-ki" ("Registro de artefactos espíritu"), un texto del período Muromachi (1336-1573), estas criaturas fueron usadas para difundir la doctrina Budista a todos los sectores sociales, incluyendo a quienes no poseían el nivel intelectual o social para comprender las alegorías de los textos o que simplemente no sabían leer. Así, vemos historias donde varios objetos reciben almas después de 100 años de existencia, pero pese a su anterior condición de objeto inanimado, estos seres poseen emociones humanos, padecen sufrimientos, sienten malevolencia, piedad, maldad y codicia. Después de varios sucesos, estos objetos buscan seguir el camino de Buda, alcanzar el nirvana, el estado de iluminación para librarse de la pecaminosidad y el sufrimiento a la que las malas emociones humanas. Pero principalmente se desasían del rencor que sentían hacia los humanos que los habían abandonado y maltratado.


"Hemos servido fielmente a las casas como muebles y utensilios durante mucho tiempo. En vez de conseguir la recompensa debida a nuestra causa, nos abandonaron en las calles para ser pateados por bueyes y caballos [...] ¡Cuente lo que cuente, debemos convertirnos en espectros y tomar venganza!"

Curiosamente es un Tsukumogami el que interfiere en la citada venganza, un rosario budista instándolos a convertir su odio en benevolencia, solo para recibir el ataque de un garrote que lo insulta y logra sobrevivir gracias a sus discípulos. De este modo, los tsukumogami adoptaron una función didáctica similar a la que poseían los vitrales de las antiguas catedrales góticas del medioevo europeo, de los cuales el pueblo analfabeto podía comprender la doctrina religiosa. Con las historias de los tsukumogami se buscaba una transformación, un traspaso de la tradición shintoista predominante en Japón, al Budismo durante la ocupación china. Estra transformación parte de las bases mismas de las creencias del shinto, donde todo tiene alma, desde las personas hasta los animales, objetos y plantas, haciendo de este modo un mensaje fácil de comprender y y muy cercano a las creencias dominantes de la época, simplificando el trabajo de adaptación.


El Tsukumogami-ki es considerado un texto alegórico que ilustraba las creencias budistas de un modo entretenido y hasta cómico, contando con muchos juegos de palabras indescifrables para los no letrados, quienes podían guiarse solo con las ilustraciones. Pese a esto, las clases populares, principalmente humildes y de escasa educación formal, malinterpretó el mensaje y en lugar de tomarlo como una narración alegórica, asumieron que los objetos realmente cobraban vida, aunque esto también tuvo un resultado positivo, puesto que la imaginación popular permitió divulgar las enseñansas del Budismo aunque la gente creyera realmente en la naturaleza viviente de los objetos.


Podemos ver una contraparte occidental en la historia de "El fausto" de Estanislao del Campo, donde un gaucho asiste a un teatro para ver una obra de contenido religioso y cree que lo que ve en el escenario es real y posteriormente canta a sus compañeros y a todo aquel que lo escuche los sucesos que vio en el teatro y que creyó reales, divulgando las enseñanzas católicas sin darse cuenta de ello).

A partir del siglo XIX, con la apertura de Japón al mundo y la influencia occidental, los tsukumogami pasaron a ser simples personajes de cuento, leyendas urbanas y personajes de anime.


La lista de tsukumogami ha ido aumentando con el tiempo y el trabajo de los diferentes artistas hasta la actualidad, incluso algunas producciones de anime han incorporado algunas categorías a la lista (como en "Shigoku Shojo" donde vemos a un tsukumogami que solía ser la rueda de un antiguo carro). Incluso en series como Pókemon o Digimon vemos criaturas inspiradas en plantas y objetos; incluso en los cuentos occidentales vemos ejemplos de esto, como en "La bella y la bestia" con sus utensilios parlantes, "Blanca Nieves" y el espejo mágico capas de hablar con su dueña o mas recientemente "Frozen" donde vemos muñecos de nieve vivientes.

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1 comentario:

  1. Un contenido muy interesante muchas gracias por publicar

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