domingo, 16 de diciembre de 2018

La casa encantada de Stans



Hasta el día hoy no se ha podido aclarar la misteriosa historia alrededor de la casa encantada de Stans, una localidad Suiza a unos 30 kilómetros de Lucerna, y la serie de sucesos extraños acontecidos a la familia Joller a mediados del siglo XIX.En 1862 el político liberal y abogado Melchior Joller y su familia se sintieron perseguidos por lo sobrenatural en su propia casa.Melchior Joller era alguien que no creía ni en la superstición, ni en las historias de fantasmas. Y fue sin embargo afligido en su propia casa por fenómenos extraños. Ventanas y puertas se abrieron y cerraron tan menudo que se rompieron, piedras del tamaño de un puño caían con fuerza sobre los niños, muebles y cuadros eran volcados y arrojados. Todo esto sucedió naturalmente con un escenario lleno de ruidos, de modo que el fenómeno no se pudo guardar en secreto durante mucho tiempo. Centenares vinieron para admirar las apariciones inexplicables o simplemente atraídos por la curiosidad. En vano intenta Melchior Joller llegar al fondo de estos sucesos, pero no logra encontrar ninguna explicación para ellos. Incluso una comisión, designada por las autoridades, no pudo aclarar los incidentes. Un papel importante, en el caso de la casa encantada de Stans, juega el diario de Melchior Joller. Aquí escribió sobre su propio desamparo y sobre las acciones y los sucesos en la casa.

El 5 de junio se llegó a un incidente en el que el hijo de Melchior, Oskar, yacía inconsciente en el suelo de su habitación. Cuando recuperó el sentido, dijo que poco después de que hubiera entrado al dormitorio habrían golpeado llamando tres veces a la puerta y que esta se abrió de par en par repentinamente. Una forma blanca e informe figura entró en la estancia, tras lo cual el hijo, de puro espanto y sobrecogido por el terror, habría caído en el desmayo. Si bien Melchior Joller había dado hasta ahora todo como figuraciones de su esposa y de sus siete hijos, experimentó un mes más adelante algo que verdaderamente le hizo estremecer. Tanto que hizo cambiar de raíz su opinión sobre el asunto. Acababa de llegar a casa de unos asuntos judiciales una tarde, cuando su señora lo llamó desde el pié de la escalera que daba al piso superior. En la puerta sonaron de 10 a 12 impactos violentos. Sonaba como si alguien estuviera muy temeroso y golpease la puerta para que lo dejen pasar. Entre medias había cortas pausas antes de que comenzara de nuevo. El golpeteo cambió constantemente su posición. de modo que Melchior Joller tenía la impresión de que se trataba aquí de algo vivo, como quizás una rata. Así que golpeó con fuerza contra la pared en la esperanza de poder espantar lo que allí hubiera. Por el contrario, sus golpes, fueron devueltos como un eco en respuesta. Los impactos que siguieron fueron muy ruidosos, como si alguien pegara con el puño contra la pared. Cuando finalmente sonó un golpe contra la puerta de la casa, así como si alguien quisiera entrar, Melchior abrió la puerta. Pero no había nadie a la vista.

Melchior Joller se hizo a la biblioteca en busca demes y artículos sobre física experimental. Pero no pudo encontrar la clave que explicaba el misterio de todos los fenómenos y apariciones. Estaba convencido que alguien estaba causando todo intencionadamente y se puso a la búsqueda de pruebas. Armado con su estilete se hizo al sótano con la esperanza de encontrar un equipo mecánico que le hubieran instalado secretamente. Tras una cuidadosa investigación tuvo que determinar que se había equivocada. No pudo encontrar lo más mínimo. 10 días más adelante, el 26 de agosto, su hija Melanie y la criada escucharon a través del pasillo sordas y pesadas patadas contra la puerta exterior. Aquí el perno pesado de hierro se descerrajó con lo cual la puerta se abrió lentamente. Entonces fueron presa de tal manera por el miedo, cuando no lograron ver a nadie que pudiera haber abierto la puerta, que en pánico salieron huyendo y saltaron desde una altura de 12 a 13 pies por una de las ventana al cenador del jardín.

Una semana más adelante escribió Melchior Joller en su diario que mientras tanto incluso los periódicos ya divulgaban a cerca de los incidentes en su casa. La situación fue empeorando cada vez más. Los impactos contra las paredes y el piso se volvieron cada vez más violentamente. Era como si alguien con un martillo a dos manos intentara demoler la casa. Los impactos fueron practicados con tal fuerza que incluso la gran mesa de roble situada en la cocina saltaba para arriba elevándose unos centímetros y las cosas que en ella se encontraban caían al suelo. Melchior Joller temía realmente por su casa. La gente de la aldea se acercaba a la casa persignándose atraídos por el ruido y permanecían a una distancia segura observando la casa. Peor que todo el ruido sin embargo eran los contactos que tenía que soportar la familia. Y este fenómeno no solo aquejó a la familia, sino también a los visitantes que se encontraban en la casa. Describieron estos contactos como el roce de las afiladas y frías garras de un perro. El propio Melchior Joller experimentó una noche como algo le rozaba en la cara. En la suposición de que se trataba de su hijo, palpó en busca de la mano. ¡Se asustó! Era fría e inerte. Abrió los ojos sobresaltado y ni su hijo ni nadie más había a la vista. Los fenómenos parecían querer robar a los Joller la cordura. Cosas desaparecían ante sus ojos y aparecían de nuevo en los lugares más imposibles. Melchior Joller ya estaba acabado de los nervios de tal manera que apenas podía seguir con su trabajo de letrado. Ninguno que la familia quería permanecer a solas en la casa en pleno día y aún menos por la noche.

Cuando en septiembre la comisión que había sido designada por las autoridades realizó una investigación en la casa, la familia tuvo que mudarse tres días a un hotel. Una guardia de policías releva a la otra. Pero el temor de los Joller de que no se han realizado investigaciones profundas, demuestra ser verdadero. El asunto fue archivado cuando en estos tres días no se produjeron ningún tipo de apariciones “Poltergeist”. La familia Joller pasó la primera noche tranquila desde hacía mucho tiempo después de su vuelta a la casa. Pero excepto el propio Melchior, solamente tres de sus hijos estaban dispuestos a pasar la noche en el hogar. 22 de septiembre. La familia acababa de salir del salón, cuando oyeron salir de allí un ruido. Melchior Joller volvió junto a la puerta que daba a la estancia y escuchó. Sonaba como si varias personas en calcetines bailaran por la habitación contigua. Abrió la puerta de golpe y todo estaba en el más puro silencio. La pesada mesa estaba volcada y tumba en toda su longitud contra la puerta, así como las sillas y taburetes estaban amontonados frente al sofá.. La familia Joller no quería dar crédito a sus ojos. Solamente estuvieron un corto instante fuera del cuarto.

Los fenómenos continuaron. Melchior Joller fue testigo de como una manzana que se desplazaba sola dando botes. Venía de la parte superior de la casa bajando las escaleras, pasando junto la puerta de entrada desde donde pasó frente a Melchior en varios botes y desapareció en el salón. De allí siguió brincando por el pasillo hasta la cocina. La criada la arrojó entonces por la ventana, tras lo cual volvió volado otra vez aterrizado en la mesa de la cocina. Cuando Joller poco después de eso entró en la cocina, cayó una pera directamente a su lado, desde el techo al suelo, con tal fuerza que la pera quedó completamente reventada.

Herido por los ataques constantes en los periódicos, los rumores y la mofa que venía incluso de sus amigos, Melchior toma finalmente la decisión de no quedarse por más tiempo. En el otoño de 1862 la familia Joller huye de Stans. Primero a Zurich donde Melchior tuvo una experiencia tan inquietante que una mañana irrumpió en el salón con el pelo completamente blanco y gritando “¡por fin lo comprendo!”, tras lo cual la familia huye precipitadamente a Roma donde los fenómenos paranormales por fin cesaron.

En 1865, a la edad de 47 años, Melchior Joller muere allí como un hombre quebrado.

Solamente su familia sepa quizás que es lo que le ocurrió a Melchior Joller esa noche en cuestión y que del susto hizo que su pelo perdiera el color. A día de hoy sus anotaciones originales están protegida por su tataranieta María Pía en los archivos de la familia en Roma. Antes de su muerte publicó su diario en el año 1863, que tituló “Selbsterlebte mystische Erscheinungen (Apariciones místicas vividas)”, pero omite mencionar su “revelación final” de la que decide no escribir.

El secreto alrededor de la casa Joller sigue vivo. Todavía años después este caso sigue causando perplejidad. Algunos científicos e interesados todavía están a la búsqueda de la llave y la solución para los incidentes que ocurrieron en la casa encantada de Stans.

La casa encantada de Stans, que existe aún hoy, sigue activa. En mayo de 2005 se autorizó la entrada para investigar a un equipo de científicos parapsicólogos y de periodistas que pudieron ser testigos de algunos fenómenos.

lunes, 10 de diciembre de 2018

La teoría de los pulpos extraterrestres



Uno de los estudios que más polémica ha levantado en los últimos tiempos es el que recoge la teoría de la Panspermia, o la idea de que los organismos vivos «llovieron» del espacio. Junto a virus y bacterias, habrían aterrizado otros seres más complejos. Y aquí es donde se menciona a los «pulpos extraterrestres».

El intrincado árbol evolutivo de los cefalópodos (el grupo que incluye a los calamares, las sepias, los nautilos y los pulpos) que aparecieron por primera vez hacia finales del Cámbrico, se complica aún más en el caso de los pulpos.

El complejo sistema nervioso de los pulpos, junto con sus sofisticados ojos y su capacidad de camuflaje surgieron casi de repente, lo cual podría hacer pensar que estos animales llegaron ya evolucionados de otro lugar del Universo. Además, los cambios súbitos y masivos en su ARN, y por lo tanto en sus proteínas, con respecto a las que se suelen encontrar en las estructuras neuronales del resto de los cefalópodos solo afectan a esta especie. No se encuentran en ningún otro lugar de la naturaleza.

Este estudio creó una gran controversia en la comunidad científica. Tanta incluso que hubo voces que apuntaron a que todo fuera una broma. Y, aún con todo, la teoría de la Panspermia ha continuado expandiéndose hasta más allá de nuestra galaxia, lo que promete que aún quedan capítulos por escribir en torno a este tema.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Maria Orsic y la Sociedad Vril



La bella médium que habría conseguido tecnología alien para la Alemania Nazi.
La líder de la sociedad secreta “Vril” supuestamente se comunicó con una raza de extraterrestres que le dio instrucciones para construir platillos voladores.

En 2010, la revista alemana “PM” publicó un interesante reportaje sobre la aparente construcción de naves espaciales nazis gracias a su comunicación con seres alienígenas. Dicha investigación causó bastante revuelo internacional dado que era la primera vez que esta historia era analizada a fondo y en serio. Sin embargo, ¿cómo se gestó este supuesto intercambio de información entre los seguidores de Hitler y entidades de las estrellas? De acuerdo a múltiples autores que han tratado este increíble tema, todo se habría originado a fines de los años 10′ del siglo pasado cuando una hermosa joven, poseedora de poderes extrasensoriales, entró en contacto telepático con gente de las estrellas.

La médium se llamaba María Orsic, una profesora de ballet austriaca, que ya desde temprana edad manifestaba su apoyo al movimiento político que quería la unión de todas los pueblos de origen germánico. Apenas se mudó a Alemania en 1919, se integró a la sociedad secreta “Thule”, la cual se caracterizaba por su aprecio a lo oculto y esotérico. Allí se hizo amiga de otras jóvenes que poseían los mismos poderes que ella, y juntas se salieron de la Thule para formar otro grupo llamado “Alldeutshe Gesselschaft für Metaphisik” (Sociedad Pangermánica para la Metafísica) y que popularmente se conoció como “Vril”. Todas tenían en común el ser bellas médiums de pelo extremadamente largo. Según ellas, era para tener una mejor conexión con el universo, pues el pelo funcionaría como una antena receptora.

Primer contacto

A fines de 1919, se reunieron miembros de la Thule, Vril y la DHvSS (siglas de Hombres de la Piedra Negra) en una cabaña. Allí, cuenta la leyenda, que Maria Orsic entró en trance y escribió por primera vez una serie de símbolos que ella describió como “templario-germánicos” en un idioma que decía desconocer. Luego, con la ayuda de expertos en lenguas antiguas, pudo averiguar que el idioma, al que pertenecían las transcripciones, era el sumerio. Según supuestos documentos de la sociedad Vril, los mensajes provenían de un planeta de Aldebarán (una estrella de la constelación de Tauro) y contenían información de carácter técnico (incluido planos) para fabricar una máquina voladora.

Construcción de los modelos

La crónica difundida por distintos investigadores de misterios, afirma que con los fondos obtenidos de millonarios alemanes, en marzo de 1922 se culminó el primer prototipo de Jenseitsflugmaschine o máquina volante en forma de platillo. Pero la primera prueba de vuelo fue un fracaso total: una parte de la nave se desintegró y la otra explotó.

No obstante y tres días después del incidente, María volvió con nueva información, la cual fue estudiada y aprobada por el Dr. Otto Schumann, a cargo del proyecto. Finalmente, en diciembre de 1923, debutó el segundo platillo volador y lo hizo en forma exitosa: Voló 55 minutos y alcanzó los 300.000 kilómetros por hora. De ahí en más continuaron con la fabricación de nuevos modelos.

En 1944, creció el interés para usar su último prototipo como instrumento de guerra, pero María se negó. Temiendo que las SS y Hitler se apoderaran de la nave se dijo que necesitaba mejoras, fue enviada a un hangar de Munich, y los vuelos de prueba cesaron. Dos pequeños modelos de ocho metros de diámetro se comenzaron a construir por si la aeronave era robada. El Dr. Schumann contrató a cuatro ingenieros para desarrollar y construir los platillos de María. De acuerdo a los datos recogidos por diversos organismos de inteligencia (incluida la CIA), estos dos pequeños modelos fueron elaborados.

Incierto destino

En marzo de 1945 María Orsic habría recibido comunicación de sus mensajeros prediciendo la derrota nazi antes del fin de ese año. Dio cuenta de ello a varios amigos, algunos de ellos como los hermanos Horten, salieron de Alemania y escaparon a Argentina.

El jueves 15 de marzo de 1945, María Orsic se reunió con el Dr. Schumann por la última vez, éste le entregó un paquete con todos los documentos y planos de los ovnis alemanes y se despidieron.

Tres días después, María y su grupo Vril fueron a los hangares de Munich para tomar posesión de uno de los platillos y salieron con rumbo desconocido. Nunca fueron encontrados.


sábado, 1 de diciembre de 2018

La maldición del Faraón Tutankamón




El 1 de noviembre el egiptólogo Howard Carter, subsidiado por el Marqués de Carnarvon comenzaron a escavar la última zona virgen del Valle de los Reyes, un triángulo de aproximadamente una hectárea. Tres días después se encontraban frente a una entrada en forma de escalinata hundida. Inmediatamente se dieron cuenta que estaban frente a una tumba sellada. Lo que no se imaginaron, que ante ellos se encontraba la tumba de Tutankamón.

Varios días después Carnarvon, su hija Evelyn, Carter y su ayudante Arthur Callender, entraron en la tumba y se abrieron camino hacia la cámara interior, descubriendo objetos sagrados de oro que rodeaba los sarcófagos, también de oro, en donde yacía la momia de Tutankamón.

Durante los días siguientes, eufóricos realizaron la apertura oficial de la cámara exterior y comenzaron los preparativos para sacar su contenido.

En la tumba de Tutankamón, se podía admirar una estatua de tamaño natural del rey, con los ornamentos de la cabeza y su falda de oro; también se observaba el trono de oro con la escena en bajo relieve del Faraón junto a su esposa. Sus joyas, asombrosa combinación de oro y piedras preciosas; el sarcófago interior hecho en oro macizo, tan pesado que fueron necesarios más de ocho hombres para levantarlo; y la máscara de oro brillante de la propia momia, cuyos ojos, barba y tocado, representan al rey como el Dios Osiris, señor de los muertos.

Tanta excitación por lo descubierto, tuvo su primer signo de alarma. El canario de la suerte que normalmente estaba en la casa de Carter, cerca de la entrada del Valle de los Reyes, se lo había tragado una cobra que misteriosamente había llegado hasta su jaula. Los obreros egipcios que trabajaron en el lugar, sabían perfectamente que se había abierto una tumba real, sabían también que la realeza egipcia estaba protegida por la cobra, la diosa Uadjet. Lo obreros sabían que dicho hecho era presagio de una muerte inminente.

El 5 de abril del año 1923, a las 1.55 de la madrugada en El Cairo, reino la oscuridad. Un repentino apagón dejo la oscuridad absoluta en las calles y casas de la ciudad.

En el mismo instante en que se apagaban todas las luces, en el lujoso hotel Continental Savoy, moría a los 57 años de edad un personaje clave en el descubrimiento de la tumba del faraón, Lord Carnarvon, quien fue el primer europeo en penetrar en la tumba del Faraón Tutankamón.

Como broma del destino, o con el fin de alimentar la leyenda de la maldición del faraón, en Inglaterra y en el mismo momento de su deceso, su perro fox-terrier, llamada Susan comenzó a aullar, muriendo poco después para consternación de su mayordomo.

Murió oficialmente de “neumonía atípica”, según consta en su certificado de defunción. Su historia clínica indica que padecía una tremenda infección en la sangre, probablemente a consecuencia de una mordedura o picadura de algún insecto venenoso. Por dichos de Carter, también se supone cuándo recibió la picadura, fue precisamente al penetrar en la cámara del faraón, ya que pocas horas después la pequeña irritación se había convertido en una llaga y la fiebre se apodero de él por algunos días.

Según la enfermera que paso los últimos días con Carnarvon, sus delirios eran constantes, aterrorizado hablaba a alguien invisible, pronunciando a menudo el nombre de Tutankamón. Cuando la ciudad quedo a oscuras por el gran apagón, el enfermo grito desesperado “¡Se acabó, ya voy!” y resolló como si alguien lo estuviese ahogando. La enfermera salió corriendo de la habitación pidiendo ayuda. A los 10 minutos la luz volvió, pero para ese entonces Lord Carnarvon estaba muerto en su lecho, con una expresión de terror muy marcada en su rostro.

Si bien el tendido eléctrico del Cairo de la época era un poco inestable, la investigación llevada a cabo por el apagón nunca pudo determinar las causas de la misma. No se encontró la mas mínima avería o indicio de que pudo ser la causa de semejante apagón. “Es científicamente inexplicable lo sucedido” tuvo que admitir el ingeniero jefe de la Sociedad Eléctrica del Cairo.

La maldición del Faraón había comenzado cayendo sobre el profanador de su tumba.

Seis meses después de la muerte de Lord Carnarvon, falleció también su hermano menor, el Coronel Aubrey Herbert, pocas semanas después fue el turno de la enfermera que cuido de él.

La lista de las victimas del Faraón, continuaron; también fallecieron los tres colaboradores de Carter: Arthur C. Mace, del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, Georges Benédite, del Louvre de Paris y Richard Bedell, hijo de Lord Westbury. Todos ellos participaron activamente en la profanación de la tumba.

La muerte seguía su andar incansable a todos aquellos que participaron de diferente manera en el descubrimiento de la tumba. Murió el profesor Douglas E. Derry y el doctor Saleh Bey Hamdi, ambos habían participado en el reconocimiento anatómico de la momia. También falleció el radiólogo Archibald Doublas Reed, que había sometido a la momia a los Rayos X. Todos fallecieron repentinamente y por causas clínicas no comprobables, pues la medicina no sabía cómo clasificar el siguiente cuadro patológico: súbito malestar general, depresión nerviosa profunda, sueños agitados, pesadillas, debilitación progresiva y generalizada, desenlace repentino.

Nadie pudo negar los fallecimientos, por ende, la ciencia se vio obligada a desterrar el “efecto superstición” y encontrar una explicación sensata a las muertes sucedidas.

En primer lugar, se dijo que las muertes habían sido provocadas por algún tipo de virus desconocido presente en la momia de Tutankamón, pero nunca se ha podido aislar el tal pretendido microorganismo. También se han mencionado misteriosos venenos, indicando que los antiguos egipcios eran expertos en manipular sustancias toxicas. Se trabajó mucho para probar la valides de esta teoría, pero los resultados fueron negativos. En los sarcófagos no había nada de nada.

Más recientemente un equipo de físicos nucleares del Centro de Oakridge, Estados Unidos, tras analizar materiales procedentes de la tumba, avanzo con una hipótesis nueva y desconcertante para muchos egiptólogos y arqueólogos: había indicios casi insignificantes de radiación.

Esta versión, no fue aceptada y no prospero. Contra ella se formó una rigurosa y unánime conjura de silencio, en la que participaron egiptólogos, historiadores y arqueólogos, porque, si se aprobaba esta teoría habría que asumir que los egipcios conocían el fenómeno de la energía nuclear. Y llegar a la conclusión de que la civilización egipcia conocía los secretos de la energía atómica, con lo cual caerían un sinfín de teorías confeccionadas por los “especialistas “en la materia.

Su momia no fue trasladada al museo del Cairo, como los demás objetos hallados en la tumba. Simplemente se la volvió a colocar en su sarcófago, en la cámara mortuoria ya desmantelada y desnuda y allí continúa descansando. Rara vez algún alma piadosa deja un pequeño ramo de flores encima de la tapa del sepulcro. Tutankamón fue despojado impiadosamente de sus lujos mortuorios, pero no se ha podido despojar la magia de su leyenda.

¿Quién mato entonces a Lord Carnarvon y a todas las demás personas? ¿El fantasma de Tutankamón? ¿La maldición mágica del Faraón?

Quizás la maldición de Tutankamón, fue simplemente esto, una mentira que adquirió repentina notoriedad debido a la inesperada muerte de varios personajes. Quizás el interés del público a exacerbado acontecimientos ocasionales y casuales dando paso a la teoría de la maldición. O quizás simplemente habría sido atinado, haber dejado reposar tranquilo al gran Faraón Tutankamón.

martes, 27 de noviembre de 2018

Rodolfo Fierro



Gatillero y brazo derecho de Pancho Villa. Fierro fue conocido entre el grupo del centauro del norte como un hombre frío, sin miedo a matar, tanto, que en una ocasión le quitó la vida a 300 prisioneros, uno por uno y a mano propia.

Decenas, hasta cientos de personas, cuyos nombres se perdieron entre el polvo de la historia cayeron atravesadas por las sanguinarias balas de Fierro.

Sólo era una apuesta, una ocurrencia más de las tantas que tenía Rodolfo Fierro mientras no se encontraba desafiando las balas o los obús es de la artillería enemiga durante una batalla. Sus hombres escuchaban atentos las palabras del jefe, y su insistencia que rayaba en alcohólica necedad, provocaba las carcajadas de los presentes. Nadie tomaba a broma lo que decía el temible revolucionario por más inverosímil que pareciera: si algo habían aprendido de Fierro es que con él todo era posible.

Fierro había lanzado un reto muy simple: apostó que un hombre herido de muerte caería hacia adelante. Uno de los presentes le tomó la apuesta, el general salió de la cantina tambaleándose, desenfundó su pistola y le disparó a un parroquiano que atravesaba en ese momento. Guardó “la siempre fiel”, y regresó con una amplia sonrisa ganadora a cobrar la apuesta: el cristiano había caído hacia adelante.

Los hombres que rodearon a Pancho Villa durante la revolución mexicana contribuyeron a construir el mito del Centauro del Norte, porque a su vez, se convirtieron en personajes míticos formados bajo una situación extrema, llevados al límite, cercados permanentemente por la violencia. La realidad, cruda y cruel, los convirtió en personajes dignos de la literatura, cuando esa realidad había superado por mucho a la ficción.



jueves, 22 de noviembre de 2018

El niño de Tordesillas



Resulta sorprendente constatar que no son pocas las personas que han asegurado haber visto alguna vez un ovni, luces misteriosas que provienen de algún ignoto rincón de la inmensa bóveda celeste, extrañas naves voladoras situadas por encima de las cabezas de la humanidad, una humanidad asustada, testigo de lo excepcional. Y nos preguntamos... ¿Qué serán? ¿Naves espaciales? ¿Otras especies que demuestran que no somos únicos en el mundo? ¿O se trata de cuerpos celestes en un viaje hacia el infinito? ¿O, simplemente, son alucinaciones?.

El caso que voy a relataros a continuación le ocurrió a un niño, que no sólo vio un objeto volador no identificado, sino que además sufrió sus ataques. Este suceso tan extraordinario como increíble fue dado a conocer en 2004 por Íker Jiménez en su programa “Cuarto Milenio”. En su emisión de la noche de un domingo de ese año, este conocido investigador de lo esotérico presentó en público a Martín Rodríguez Rodríguez, el “Niño de Tordesillas”, que, supuestamente, fue atacado por un ovni. El informe del caso aparece redactado en su libro Enigmas sin resolver, publicado por la editorial EDAF, de Madrid, ese mismo año.

El sorprendente acontecimiento ocurrió en la década de los setenta en Tordesillas, un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid, y tuvo como escenario un lugar silencioso y apartado del entorno urbano. Martín, el hijo del churrero, de sólo siete años, fue testigo de un inaudito encuentro con lo sobrenatural, tan peligroso que casi le cuesta la vida. Ésta es la historia del niño de Tordesillas.

En 1977, exactamente el 1 de octubre, Martín Rodríguez, terminadas sus clases en el colegio, volvía a casa, ubicada en la calle de Valencia. Nada más llegar, deja su cartera, coge una rebanada de pan con crema de cacao y sale corriendo para jugar con sus amigos. El juego elegido para esta tarde es el bote de la malla, una especie de escondite, en el que sólo hay que preocuparse por buscar un buen escondrijo para que los otros no te encuentren...

Martín, junto con su inseparable amigo Fernando, corren como locos en busca de un escondrijo en el que no se les puedan encontrar. Corren tanto que se alejan de la barriada de San Vicente y acaban casi a las afueras del pueblo, en un viejo corral abandonado situado en la cuneta de la Nacional 122. Mientras caminan rodeando el muro de adobe que circundaba la construcción, Martín coge de manera instintiva una piedra del suelo y la lanza por encima. Inexplicablemente, un estruendo metálico que parecía provenir del otro lado del muro rompe el silencio que dominaba el descampado.

La curiosidad les puede y deciden aprovechar que la valla de la casa está derrumbada para entrar en ella. La luz de la tarde ya se había ido y la penumbra dominaba el lugar, el sitio estaba muy oscuro. Pero no era cuestión de abandonar ahora. Cada vez están más cerca del lugar en el que cayó la piedra.

Cuando cruzan el umbral de la vieja puerta, los pequeños pueden percibir que algo resplandece al fondo, junto a la pared: una misteriosa luz que ilumina esa parte del corral. Miran hacia arriba y su vista tropieza con un enorme objeto que parecía de metal, tremendamente luminoso y posado en sus tres patas, cuyo aspecto es parecido al de una viga, y estaba a sólo unos metros de ellos. De lo que parecía ser una nave emanan luces de muy diferentes colores, montando el conjunto una escena que causa en Fernando un miedo incontenible, mientras que a Martín lo deja fascinado.

La nave medía tres metros de altura por dos de ancho y emitía un sonido ensordecedor. El extraño aparato se componía de dos enormes escotillas, de las cuales irradiaban luces de color rosa y azul. En medio del aparato metálico se apreciaba una puerta cerrada. Martín y Fernando percibieron un denso humo blanco proveniente de un tubo que formaba parte de uno de los lados del aparato. Sus tres enormes patas, cuya estructura parecía un andamiaje en zig zag, eran lo suficientemente fuertes como para soportar todo el peso del aparato.

En ese mismo momento, el sonido emitido por la nave comienza a hacerse cada vez más agudo e intenso, y el crisol de luces que emite va cambiando, adquiriendo otros matices. El ovni se eleva sobre su eje y las potentes patas quedan flotando en el aire, dejando ver unos grandes pinchos que antes estaban bajo tierra. Los movimientos del artefacto parecen torpes.

Martín, un chico inquieto y nervioso, no puede evitar curiosear y averiguar de qué se trata y se aproxima al objeto. Rápidamente, salen de los adentros del aparato un potente haz de luces que va directo hacia el abdomen de Martín. No puede más, siente que le quema, que le abrasa, provocando en su cuerpo sudores, palidez en su cara y tal pérdida de audición que le es imposible oír los gritos de su amigo Fernando, que se sentía impotente ante lo que estaba sucediendo.

El haz luminoso seguía apuntando a Martín, que, con sus pupilas ya dilatas, acaba por desplomarse al suelo como un fardo. En ese preciso instante, el destello luminoso cesa, la emanación acaba y el artilugio inicia un vertiginoso ascenso hacia el estrellado firmamento hasta dejar de verse. En la escena sólo quedan Martín, inconsciente en el suelo, y Fernando, aterrorizado.

Pocos minutos después, acude Fernando en busca de ayuda al barrio. Inmediatamente, algunos vecinos van al corral para rescatar a Martín. Cogen en brazos al pequeño y lo llevan a su casa. Antonio Rodríguez, padre de Martín, se encontraba en esos momentos poniendo unos azulejos en la vivienda cuando se percata de que varias personas traen a sus hijo en brazos y se teme lo peor.

Fernando, aún estremecido por el acontecimiento, narra al padre de Martín lo sucedido. Pero Antonio sospecha que la historia es fruto de la imaginación del niño y supone que lo más probable es que hubiesen hecho alguna travesura que culminó con un final así. No le creyó; sin embargo, en su cabeza cobra forma la sospecha de que aquel estado de inconsciencia en que se hallaba su hijo no podía ser casual.

Entonces, acompañado de un amigo suyo llamado Eloy, Antonio va en busca de indicios que le pongan sobre alguna pista de lo que pudo motivar el estado de su hijo. Examinan el lugar, pero no encuentran nada que dé sentido a lo ocurrido. De repente, ven una señal que empieza a dar credibilidad a lo relatado por Fernando. En el suelo, pueden percibir un trozo de tierra abrasada, con forma de una extraña figura triangular. Ambos recogen muestras de esa tierra y deciden pedirle opinión a un minero amigo de la familia, llamado Olegario García Vega, que se entrega al análisis de la muestra. El resultado es anormal, los restos de tierra olían a azufre. Era indiscutible que algo alarmante les había sucedido a los niños en el antiguo corral.

Martín es tratado por los médicos de Tordesillas desde el primer momento. Consiguen estabilizarlo, pero como no logran encontrar los motivos de su continuo malestar, deciden su traslado e ingreso en el hospital Onésimo Redondo, de Valladolid.

Después del extraño suceso, Martín presenta un cuadro patológico que es motivo de sorpresa entre los facultativos: sufre frecuentes pérdidas de visión, tiene vómitos a menudo y presenta una fuerte debilidad.

Al comprobarse que la gravedad del niño persiste y que no experimenta mejoría alguna, el doctor Martínez Portillo decide someterlo a una primera intervención quirúrgica, que culmina con el diagnóstico del mal estado del pequeño: algunas partes de su cerebro presentaban un desarrollo anómalo, compatible con las disfunciones que venía el niño.

En los dos años siguientes, Martín fue sometido a catorce intervenciones de extrema gravedad, que han dejado, tanto la cabeza como el cuerpo del muchacho, innumerables cicatrices y costuras, todas ellas aparejadas de secuelas irreparables. Cabe mencionar que se le tuvieron que implantar diversas válvulas artificiales para realizar las funciones vitales, que no podía realizar con normalidad. Tras estas intervenciones, Martín era mandado a casa con la ilusión de acabar por siempre con la pesadilla, pero, a los pocos días, regresaba al hospital en un estado más que lamentable.

Poco a poco comenzó a normalizarse la quebrantada salud del muchachuelo. Volvió a su colegio, a sus juegos, su rutina... Nada parecía haber cambiado, pero, realmente, Martín ya no era el mismo. Siempre había sido un estudiante normal, que sacaba adelante las asignaturas como podía, teniendo mayor dificultad en las matemáticas. Eso había cambiado. Increíblemente, Martín Rodríguez adquirió una capacidad de retención memorística y una gran habilidad para las relaciones lógicas muy superior a la que siempre había demostrado. Comenzó a interesarse por el dibujo, la poesía, la escultura y las matemáticas. Sus profesores don José Luis, don Tertuliano y don Anselmo no podían creer lo que ocurría; la transformación que el niño estaba experimentando era del todo inexplicable. Unos veían una explicación en la radiación que pudo haber recibido el día del su encuentro con aquel artilugio misterioso, que hubo de producir en su cerebro el desarrollo de unas facultades que tenía aletargadas, mientras otros explicaban el fenómeno diciendo que, después de haberse estado a punto de morir, sin tener en cuenta la edad, las cosas no se ven como antes y la vida recobra todo el interés.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Sombras errantes



Muchas personas, lugareños o viajeros narraban haber visto a “hombres sombra” saltar por los barrancos o aguardar a las personas en las carreteras de vegas de Coria, Incluso los pobladores atemorizados por estas sombras, se organizaron y partieron a cazar a estas sombras errantes, sin éxito.

Un caso es el de Eusebio Iglesias que iba andando por el campo con su mula por la tarde y divisa a un ser alto, incluso el narra que este ser era más alto que el todo negruzco estaba bloqueando su camino cuando se aproximó bastante cerca a este ser, la mula que acompañaba a Eusebio se siente intimidado por este ser y empieza rebuznar atemorizado, ya de cerca se da cuenta que llevaba una especie de túnica y parecía que respiraba, el luego cuenta que escucha una voz que no sabe de dónde provenía decía : “Es Acaso que no me conoces”, no sigue avanzando y se retira.

Luego cuando llega a su pueblo se da cuenta de que no es el único que ha observado este ser.

Luego pasado un tiempo de aquel incidente de Eusebio con este ser algunos testigos cuentan que cerca de un barranco, cuando el sol estaba a punto de ocultarse ven a una persona parada pareciera que iba a saltar, ellos observan que este ser empieza a moverse, pero camina en un barranco inclinado, donde una persona cualquiera no podría, este ser camina sin problemas.

Posteriormente hay un acontecimiento de avistamientos donde son tres los testigos, dos hermanos y un amigo adolescente ellos en la inmensidad de la noche bajaban por la carretera con sus bicicletas que tenían unos focos que alumbraban el camino ellos divisan a un ser negruzco bloqueándolos el camino mirándoles fijamente, de pronto desaparece.

También está registrado en un diario, de que una persona murió por el impacto que le causo al observar a este ser.

Sucesos anteriores a estos avistamientos

Algunos lugareños cuentan haber visto un bulto negro en el suelo que empezó a tomar forma. Posteriormente se empezó a ver las apariciones de estas sombras errantes.

Muchos casos se concentran cerca o en la curva donde hay una cruz, Algo curioso es que anteriormente a los sucesos es que al momento de pavimentarse la carretera de vegas de Coria derrumbaron esta cruz, lo que pudo provocar el desenvolvimiento de los sucesos posteriores.

Luego de consecutivas sucesos de avistamientos de estas sombras, se dejaron de ver. Lo curioso es que antes de los sucesos pararan, varios testigos incluyendo el alcalde de vegas de Coria observaron tres luces formando un triángulo, lo que en el mundo de la ufología se conoce como los ovnis triangulares, sobrevolando vegas de Coria. Lo que podría haber hecho terminar estos avistamientos.

Las Sombras Errantes de Vegas de Coria será un Enigma no solo para España, también para el mundo de apariciones de hombres sombra acechando a los lugareños de un pueblo humilde, Pero Rico en Misterios y Enigmas…